A las 10 hs estábamos dejando el equipaje en el muy lindo departamento que alquilamos en el Trastevere. Este barrio (detrás del Tiber) es un barrio viejo, que se puso de moda nuevamente en los últimos años, lleno de bares y restaurantes. Más allá de eso, más lindo no puede ser. Tiene todo en su justa medida: calles estrechas y viejas (no antiguas), puntos de interés, como la Chiesa de Santa María in Trastevere, y animación con negocios, bares, cafés.
Luego del reparador desayuno que necesitábamos, y las reparadoras duchas y mini siestas, salimos a caminar al sol. Se ve que tanta tormenta nos hizo disfrutar más el día, así que decidimos almorzar en una terracita soleada, por primera vez en el EDNCT.
De ahí arrancamos hacia el Campidoglio. En el camino pasamos por el barrio judío de Roma, lleno de restaurantes Kosher. Vimos Il Vittoriano, tremendo monumento dedicado a Victor Manuel. Arriba, en la Piazza del Campidoglio, una estatua ecuestre que hizo Miguel Ángel, flanqueada por los Museos Capitolinos. Detrás del tercer edificio que bordea la plaza, algo así como la legislatura de la ciudad, tuvimos nuestra primera e impresionante visión de los Foros Romanos. Es una gran extensión llena de ruinas romanas, que tendremos que bajar a ver con más detalle (estaba por cerrar). Igual, pudimos ver las ruinas de la celda en la que tuvieron presos a San Pedro y a otros mártires.Al ir al avanzando hacia el centro de la ciudad, tuvimos varias “experiencias cercanas” del caótico tránsito romano. Me sorprendió ver que a los pies de Il Vittoriano no haya semáforos para cruzar las avenidas, y los peatones se manden sin más, esperando que los autos, motos (¡miles!) y buses les den el paso. Para que se den una idea: es como si en Plaza Italia, o en el Monumento de los Españoles en Buenos Aires, no hubiera semáforo para cruzar… loquísimo. Más allá de esto, la calle es efectivamente un caos, tal como todos siempre dicen de Roma. Pero, conociendo Buenos Aires, no tiene mucho que envidiar al quilombo de tránsito del centro.
Paseamos por la elegante Vía del Corso. Vimos la estatua de Colón, y llegamos a la mítica, legendaria, famosa Fontana di Trevi. Concurridísima y perfectamente iluminada, pudimos apreciar toda su belleza, aún de noche. Fue muy divertido ver a un par de tanos ladris “pescar” las moneditas de la fuente, munidos de una antena de coche con un imán en la punta. Es decir, todo el mundo está mirando las hermosas esculturas de la fuente, o de espaldas arrojando las monedas, y estos son los únicos que están mirando el fonde del agua, a la pesca. Más cómico resulta verlos discutir con los arrojadores de monedas, y escucharlos (parlando italiano, a lo tano, es decir, a los gritos) justificarse diciendo que Cáritas igual se lleva todo a la noche, y “domani per la matina” ya está todo limpio… O cuando los policías los increpan, sabiendo que es inútil: se sientan cinco minutos y arrancan otra vez (lástima que no hemos presenciado ninguna “rotura de antenita”, pero Adriano sabe que ese es el castigo). ¡Increíblemente divertido!
Más tarde pasamos por el Panteón. Hermoso edificio antiquísimo, que vendremos a ver de día.
Por hoy, ya tuvimos bastante. Nos fuimos a aprovisionar para la cena (mejor no cuento, para no provocar envidia que origine suicidios masivos), y nos vinimos a descansar, para darle duro mañana otra vez.
3 comentarios:
Che...nunca terminamos de contar el resto de Roma! No lo puedo creer!
ah, estaba viendo sólo las entradas de enero.
miedo, menos mal.
..
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