viernes, 6 de febrero de 2009
Mazzeo y Zaccanopoli. Los videos.
Para mi sigue siendo de piel de gallina ver estos videos como se lo pueden imaginar, espero que lo disfruten ustedes también.
Con cariño,
Adriano.
pd: para entender mejor esta historia se recomienda chequear antes de ver los videos:
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/01/zaccanopoli-y-mazzeo-la-meca-de-la.html
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/02/in-memoriam.html
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/01/una-breve-enumeracion.html
Llegamos por fin, ya estamos en tierra Siciliana. Benvenuti a Catania.
Comienza la afamada encuesta para encontrar nuestro pueblo, en este caso a una gesticulosa y cómica vecina de Taormina.
Primera imagen gloriosa: ¡Mazzeo! Primer garrón: rueda pinchada.
El equipo en la ardua tarea de reparar el desperfecto y seguir viaje.
Nada puede con la tenacidad familiar de este team. Seguimos camino.
¡La emoción y el orgullo nos invade al descubrir que nuestros antepasados si que vivían en un lugar bonito! ¡No como nosotros! ¡jajaja! Fiesta en las playas de Mazzeo/Letojanni.
¿Dove e Mazzeo? Seguimos con la encuesta, queremos encontrar el famoso cartel donde el Negro se fotografió en 1991.
¡Ahora si! Descontrol generalizado en pueblo silencioso. Un vecino nos advierte que estamos festejando en vano: ¡Mazzeo empieza 50 metros más allá del cartel! jajaja! Flash interminable anyways.
La emoción invade a Lola al reconocer el lugar exacto de su sesión de fotos de casi 18 años atrás, ¡Ahí está el cartel!
¡SOOOOOYYYYY MAZZEOOOOOOO, SOYYYYY MAZZEO, SOY, MAZZEEOOO YO SOOOOOYY! ¡CANTEN P*T*S!
Misión 1 cumplida: tenemos la foto de Mazzeo y un acelere espectacular. Gran momento.
A cruzar el estrecho entre Messina (Sicilia) y Vila San Giovanni (Calabria). Que miedito, maaadre mía.
Un par de horas depués exhaustos y debilitados, ahi estamos. Siamo in Zaccanopoli, el reino de the one and only la gran Abuela María. Sensación de emoción inexplicable, gargantita y perita temblando a full.
El almacenero de Zaccanopoli, desierta a esa hora y con esa lluvia, da por sentada la hazaña, estamos en Zaccanopoli donde el 90% de la gente se llama Mazzeo y muchos de ellos también Mazzitelli. Tremendo es poco. (Rianse de italiano pero no mucho, estaba fuera de mi, puedo hablarlo mejor, lo juro. Jajajaja)
Misión 2 cumplida. Zaccanopoli seguirá siendo el mismo, pero nosotros no. Conexión con el más allá. Todos los Mazzeo Mazzitelli en la cúspide sensitiva.
martes, 3 de febrero de 2009
¡Brindo por el EDNCT!
Desde hace varios años (casi 20) que no compartía un viaje con tantos integrantes de mi familia, por ahí es una dato tonto, pero para alguien que vive a 12000km de ellos, en un contexto social "reducido" (por más contactos que me haga aca en Madrid, jamás serán todos los de Bs As), es una experiencia particular y exitante.
Pues ahora con todos los recuerdos y las imágenes grabados en la cabeza, solo puedo decir que esto estuvo increíble. Fue alucinante formar parte de este grupito de personajes con gran sentido del humor (salvo a la hora del hambre de los adolescentes, jajaja!). Me reí muchisimo, lo disfruté y sumé anecdotas y frases célebres para divertirme un buen rato.¡Todo lo que un buen viaje tiene que dar!
Agos, Kbza, Ma, Goldo: nos vemos en Bs As, para seguir disfrutando de lo que el gran EDNCT nos dejó.
Levanto la copa ¡Salud! (Juli, esta vez tenés que brindar, amargo! jajaja)
Adriano
lunes, 2 de febrero de 2009
De pasada por Madrid
Quisimos cerrar con un almuerzo de paella, que se lo debía Agos, pero la arrocería a la que fuimos estaba cerrada, así que nuestro último almuerzo conjunto en Europa resultó, paradójicamente, de comida mexicana, en La Mordida, restaurante propiedad de Joaquín Sabina, que resultó excelente (el restaurante, no Sabina).
Así que ahora, a descansar un rato, a hacer últimos ajustes al equipaje, y a esperar la salida de Air Europa y de Iberia de esta noche.
La próxima crónica (¿tal vez la última?), ya desde Buenos Aires.
Besos a todos, y gracias por la compañía.
Domingo en Roma
Iniciamos nuestro último día completo en Roma visitando el mercado de Porta Portese. En el sur del Trastevere, en un terreno junto al río, se arma todos los domingos este bullicioso mercado al aire libre, del estilo de El Rastro, en Madrid.
Muy extenso, con una oferta bastante trucha (ropas de marca falsificadas, contrabandos, etc.), sólo nos llamaron la atención y nos divirtieron mucho unos calabreses que vendían comestibles típicos del sur. Sus sofisticadas herramientas de promoción eran los gritos pelados y convidar a la gente que pasaba con unas galletitas saladas y una salsa de un color, aroma y textura que yo no em animaría a probar por lo menos hasta las tres de la tarde…
Compramos unos DVDs vírgenes para backupear la “documentación” del EDNCT, y el regateo con estos tanos también fue muy entretenido. Pero más allá de eso, no encontramos discos usados, así que seguimos viaje.
Tuvimos oportunidad de ver la Piazza di Santa María in Trastevere un domingo a la mañana. La iglesia llena, los tanos yendo a Misa, un ambiente que lamentablemente uno ya no asocia con las grandes urbes en el siglo XXI. Pero otra vez Roma nos sorprende gratamente: por momentos, y en ciertas zonas, se respira un aire barrial auténtico que no se encuentra en otras ciudades. Por ejemplo, en el Trastevere hemos visto, sobre las calles atestadas de bares llenos de extranjeros de joda y tomando cerveza, una soga cruzando de lado a lado de la calle con la ropa tendida. Igual que en Puerto Madero…
Otra idea para este domingo a la mañana era recorrer Testaccio, el barrio que está al sur, y del otro lado del Tiber. Se lo menciona como el más romano de los barrios de Roma. De clase trabajadora, se supone que conserva todas las tradiciones… entre ellas la del ¡descanso dominical! Sí, porque, lamentablemente, encontramos todo cerrado y con muy poca vida.
Seguimos hacia nuestro destino pendiente en los Foros Romanos, pero antes encontramos en un barrio vecino (¿Aventino?) un parque elevado, cerca de una abadía o algo así de los Caballeros de la Orden de Malta, desde el que tuvimos unas hermosas vistas de la ciudad, entre unos naranjos bien perfumados…
Bajamos y bordeamos el Circo Massimo, para llegar al Palatino y a los Foros Romanos. Esta es una gran área arquelógica que ya apabulla por su magnitud. Son tantas las ruinas, y de tantos períodos distintos que uno, con su ignorancia a cuestas, apenas puede maravillarse con las construcciones, sospecho que sin llegar a apreciar la verdadera importancia de todo esto.
Luego de unas reparadoras pizzas nos mandamos los 120 escalones hasta la iglesia de Santa María in Anacoeli, ahí en el Campidoglio. Y de ahí, en ascensor hasta la Terraza de las Cuádrigas, que es la parte de arriba del monumento Il Vtttoriano. Excelentes vistas de Roma desde ahí arriba, mejoradas por un par de telescopios (¿se les dice así, aunque no se observen las estrellas?) de brutísimo zoom. Gracias a ellos veíamos la Piazza del Popolo como si estuviera al lado, y los flashes de las cámaras de los visitantes de la cúpula de San Pedro. Por supuesto, visita no apta para integrantes con vértigo…
Decidimos salir a cenar comida romana en nuestra última noche aquí. Caminamos nuestro pintoresco barrio y fuimos a parar a la Trattoria del Moro, con la idea de comer algo diferente de pizza. Nos atendió un tano ladri que nos quería vender lo que quería él en vez de lo que queríamos nosotros. Por ejemplo, le pedimos unas pastas, todas distintas como para poder probar, y nos decía “te traigo mejor dos lasagnas y dos spaghetti a la matriciana”… Decía que le faltaba gente, y se le complicaba con las pastas… “Con el segundo piatto no hay problema, ¿eh?”.. hasta que le pedimos y empezó “no hay, no hay”… Adriano se calentó, así que le garpamos las cervezas y las cocas y nos piramos a otro lado.
Menos más, porque fuimos a la cantinca de Cacio & Pepe, donde ajusticiamos unas excelentes bruschettas, un pecorino arrosto (queso romano asado), unos gnocchi al pomodoro, unos tagliatelle a la Isabela (champignones, tomate y ¡ricota!), unos bucatini a la matricciana y una saltimboca romana increíble. Chupitos de grappa, amaro y lemoncello, y a casa a descansar.
Entre iglesias “menores” y estructuras mayores
Volvimos para ver la Iglesia de San Pedro in Vincoli, que significa San Pedro en Cadenas. La iglesia es una iglesia “menor”. Aún cuando hay más de 900 iglesias en Roma, no deja de asombrar que iglesias como esta sean consideradas “menores”. San Pedro in Vincoli tiene como reliquias las cadenas con que maniataron a San Pedro… ¿qué tal? Pero eso no es todo: tiene también una “esculturita menor”: el Moisés, de Miguel Ángel. Asombroso todo: la “iglesia menor”, y la gran escultura del profeta con cuernos, que iba originalmente destinada a la tumba del Papa Julio II (como aquellas otras inconclusas que vimos en La Accademia de Florencia).
Más tarde fuimos al Panteón. Este antiguo templo de los romanos hace rato ya que funciona como iglesia, y llegamos justo para la Misa. No pueden entrar los turistas en ese momento, así que hicimos tiempo volviendo a admirar la Fontana di Trevi, para volver ya de vuelta al Panteón.
Se dice que esta construcción es el máximo exponente, el mayor logro, de la arquitectura de los romanos. Se mantiene en pie desde hace más de dos mil años. Sobresale su cúpula enorme, semiesfera perfecta de más de 40 m de diámetro, un milagro estructural en sí misma, considerando los materiales y técnicas de construcción que uno asocia con la época. El extremo de la cúpula está abierto al cielo (sí, si lluve, llueve adentro), en un círculo de casi 9 m de diámetro, aue además de una función simbólica cumple una importante función mecánica. Tremendo monumento. Nos quedamos, eso sí, con las ganas de verlo de día, con la luz natural.
domingo, 1 de febrero de 2009
Otra vez el Gran Genio
Salimos, no muy tempranito, caminando para la Ciudad del Vaticano. Al llegar a la Vía della Conciliazione y mirar hacia la izquierda, se ve de frente, con toda su presencia, con todo su poderío, la gran Basílica de San Pedro. Aunque impone su respeto, desde ese punto de vista, como continuando la avenida, parece… chica. O no tan grande como uno la tenía vista… Uno no sabe muy bien qué pasa, pero algo falla. No obstante, cuando uno se va a cercando, llega un punto en que ¡uops! se “abre” la enorme y, ahora sí, de avasallante imponencia Piazza San Pietro. Leímos por ahí que se la considera “uno de los espacios públicos más importantes del mundo entero”. Yo me pregunto: ¿cuáles son los otros?
Hicimos la cola y entramos a la Basílica. Es muy difícil decir algo, porque este templo sobrepasa cualquier explicación. Apenas me da para enumerar…
Nos maravillamos con La Piettá (es difícil creer que el Genio hizo esto con sólo 24 años…).
Vimos los restos del Papa Bueno, Juan XXIII, muy importante por haber impulsado el Concilio Vaticano II.
El baldaquín, o baldaccino, de Bernini, esa estructura que está sobre el altar y se ve en las celebraciones del Papa, es impactante. Tiene casi 30 metros de altura, y sus cuatro columnas son de bronce.
Enormes cuatro estatuas, alguna de ellas de Bernini, sostienen las cuatro “columnas” mayores sobre las que se apoya la cúpula, diseñada por… Miguel Ángel. Casi 120 metros de altura, nomás. La estatua más antigua es una de San Pedro, de bronce. Todo el mundo pasa y la venera tocando el pie derecho, que ya está desgastado luego de siglos de peregrinos pasando.
En fin, uno siente que es demasiado, que no se puede absorber tanta majestuosidad y tanta belleza. Salimos tan extasiados que no nos dimos cuenta de subir a la cúpula de la Basílica, a por unas vistas que deben ser increíbles. Pasará a engrosar la lista de “para la próxima”, junto con la Gruta de la Basílica, en la que descansan los restos del gran Juan Pablo II, entre otros Papas.
Como si esto fuera poco, nos metimos en los Museos Vaticanos. Estos Museos son muchos, y si bien se centran en arte religioso, tienen también obras etruscas y romanas y tapices y mapas. A propósito, en uno de estos últimos, uno de “Calabria Ulterior”, que sería como del ¿1200? ¿1400? ya figuraban Tropea y Nicotera, dos lugares que reconocimos de nuestro viajecito por el sur.
Se camina laaaargo por los Museos, siempre siguiendo la flecha que guía hacia lo que uno realmente vino a ver: “Capilla Sixtina”. Esto no deja de ser un poco injusto, porque en el camino nadie se detiene a ver casi nada, y uno sospecha que está pasando por alto obras valiosas… pero bueno, habíamos dejado a Adriano afuera, al sol de una plaza, solo… en fin, cada minuto que tardáramos en salir era un puestito de comidas que corría peligro… había que apurarse.
Más allá de bromas, un poco antes de llegar a la célebre Capilla hay unas salas (estancias) con imperdibles frescos de Rafael. En una de ellas está un grupo que recuerdaba vaya a saber de dónde, en el que se representan la Filosofía, la Justicia, la Poesía y la Teología. En otra, pinturas sobre Constatino y el triunfo del Cristianismo. Les debo una mirada con más detenimiento.
Al llegar a la Capilla Sixtina, uno encuentra que todo el mundo se detiene ahí. Y con razón. Es de lo más impactante que he visto. Despierta admiración por todos lados por los que se la mire. Desde las ideas, las composiciones, las alegorías, hasta la perfección técnica. Insisto en que soy un completo ignorante en este campo, pero, ingeniero al fin, de sólo tratar de imaginar cómo resolvió Miguel Ángel las perspectivas pintadas sobre una superficie abovedada ya me pone la piel de gallina. Impresiona. Otra vez el Gran Genio de Michelángelo.
Total y gozosamentemente golpeados por este monstruo salimos a la búsqueda de Adriano, al que encontramos apacible, tomando el sol entre las oleadas de turistas, y decidimos ir a almorzar unas pizzas, perfecto plato romano. A propósito, tal como dice una de las guías que tenemos, pudimos confirmar que Roma, a diferencia de otras ciudades que visitamos, mantiene sin ningún conflicto con la idea de modernidad, un montón de tradiciones y un espíritu pueblerino que me resulta cálido y acogedor. A ver si me explico bien: uno en Barcelona o en Madrid, va por ahí y se encuentra, según el barrio, con pocos o muchos restaurantes “de autor”, “cocina thai”, bares que por sus decoraciones parecen discotecas, etc. En Roma no es así. Las trattorias y las pizzerías de barrio se mantienen con orgullo y la tranquilidad propias del que sabe que no tiene que demostrar nada, del que tiene suficiente historia y personalidad como para ser el imitado y no el imitador. Así que, elegimos una de ellas y nos fuimos a “probar la tradición”.
Desde ahí, caminamos hacia el norte para llegar a la Piazza del Popolo, antigua entrada norte de la ciudad. Subiendo unas escaleras a través de un parque (justo donde comienza Villa Borghese) llegamos al Jardín del Pincio, desde donde se obtienen buenísimas vistas de Roma.
Más adelante, bajando por la Vía del Babuino nos fuimos hasta Piazza Spagna. No estaba ninguna modelo bajando la escaleras, ni ningún modisto presentando una colección, no… lo que había era un millón de turistas aprovechando el sol que ya estaba a punto de despedirse hasta mañana. Hermoso lugar.
Seguimos por la Vía dei Condotti, exclusivísimo lugar en el que se ven Maserattis estacionadas, y en las vidrieras se ve por ejemplo una estola de visón de € 3000… en fin, menos mal que no teníamos las tarjetas, a ver si nos tentamos con algo.
Esta calle nos dejó cerca de nuestro siguiente punto: la Piazza Navona. Con sus restaurantes, sus puestos de souvenires y sus tres fuentes, en las que intervino el interminable Bernini, gran artífice de la Roma que podemos ver hoy, la Piazza resulta animada y bellísima a la vez, incluso de noche. Sobre una de sus calles está la Iglesia de Santa Inés, y un hermoso Palazzo, hoy sede de la Embajada de Brasil.
Ya para cerrar el día (o la nochecita) fuimos a conocer la tradicional plaza llamada Campo de Fiori, muy concurrida y curiosa por los contrastes arquitectónicos en los edificios que la limitan. Muy lindo lugar, en el que Julián paró a tomar un poco de agua de una de las fuentes públicas que abundan por la ciudad.
Y con esto cerramos este impactante y lleno de arte segundo día en Roma.
In Memoriam
En varios momentos del viaje hacia Zaccanopoli pensé en pegar la vuelta e irnos a dormir a Reggio di Calabria. Nada estaba saliendo según lo previsto, la ruta estaba difícil, la lluvia no aflojaba, y las caras de sufrimiento de Lola, Agostina y Julián sumaban, haciéndome sentir responsable del mal momento.
Sin embargo, seguí. ¿Por qué? Uf… qué difícil intentar una respuesta.
Nosotros tuvimos una abuela, María Mazzitelli, que, como toda abuela que se precie, nos contó miles de historias. O en realidad, sólo una: “su” historia. Que era una historia de una infancia bastante triste. Ahora que lo pienso, tal vez para ella no era exactamente “triste”. Tal vez era como algo natural, un destino preasignado que se debía aceptar con serenidad. De todas maneras, estoy seguro de que, si no con palabras, esa tristeza nos la transmitía con la mirada dulce y cansada.
Según esta historia contada, y filtrada por mis propios recuerdos, y al revés de lo que solía ocurrir por aquellos años, María nació en Buenos Aires, en Almagro, en 1913, y viajó para Italia a los tres años. Parece que su mamá se murió en el parto, y su papá viajó a Italia de vuelta solo (según ella, para pelear en la Primera Guerra; según supe alguna vez, para escapar de un ajuste por un asunto turbio). La cuestión es que su propia abuela (me viene a la memoria el nombre Margarita, pero…), decidió llevársela de vuelta a su Calabria natal.
Este “viaje al revés” siempre me llamó la atención. Ahora de grande, habiendo visto algo del mundo, y con un hermano emigrado (ojo, según los cánones de la emigración siglo XXI, no XIX), creo que este viaje de María y su abuela dice muchísimo acerca del desarraigo, la miseria, la soledad y el miedo. Y del coraje, claro. No estoy seguro de que lo supieran, pero pensemos que se volvían a un país y a un continente en plena guerra…
Después vinieron unos años de crianza en Zaccanopoli, hasta que María se vuelve a Buenos Aires, creo que sola, a los 17 años, en 1930. ¿Había muerto su abuela? No me acuerdo. Pero la etapa Buenos Aires es otra historia.
Lo que me movía a seguir arrastrando aquella noche a mis compañeros de ruta, sangre Mazzeo al fin y al cabo, eran todas las historias que me había contado María de esos años que, imagino, eran como un sueño en su vida, como son siempre los recuerdos de la infancia.
Esas historias, de las que no recuerdo ni una entera, me dejaron imágenes. De campo, de montañas, de huertos, de sol, de fuegos, de pan.
Yo iba manejando en medio de la tormenta y no podía ver nada de esos paisajes. Me sentía un poco frustrado por esto, porque la forma del camino, las luces lejanas allá abajo, de alguna casita perdida en la montaña, los bosques que alcanzaban a alumbrar las luces del auto, me hacían adivinar un paisaje maravilloso. Y nos lo estábamos perdiendo… Íbamos detrás de una foto oscura en un cartel rutero y, con suerte, detrás de una recorrida mínima por un pueblo desierto en semejante noche, con nada de tiempo para recorrer… Pero seguimos igual.
¿Por qué? Mi viejo también habia venido y, de alguna forma, se las había arreglado para transmitirnos la emoción que para él había sido encontrarse con viejos compañeros de escuela de su madre… ¿Cómo podía yo arrugar y volverme?
Muchas veces pensé que los porteños que estamos entre la generación de mi viejo y la mía somos gente que, en su mayoría, no ha conocido el lugar donde nacieron sus abuelos. Muchos ni siquiera saben dónde es. A lo mejor los sociólogos pueden con este único dato entender y explicar pilas de comportamientos y costumbres, vaya uno a saber. Lo que yo sí sé es que conocer el lugar de tus raíces, lo más lejos que se pueda en el tiempo, debería ser una especie de “derecho humano”, algo que todo el mundo debería tener.
A lo mejor ahí, y en mi testarudez gallega, y en que me acompañaban hermano e hijos, hay algo de la explicación de por qué llegué a Zaccanopoli la inclemente y hostil noche del 28 de enero de 2009, a honrar la memoria de María Rosa Mazzitelli (2/6/1913 – 8/5/1986).
Ariel Mazzeo, enero 2009
sábado, 31 de enero de 2009
Zaccanopoli y Mazzeo, la meca de la emoción.
Pues, en el marco de este apasionante EDNCT, nos largamos a la aventura de recorrer el sur italiano y finalmente dar con estos sencillos lugares pero que llenan el corazón más que cualquier Torre Eiffel, de Alexanderplatz o Big Ben.
La giornata comenzó bien tempranito: 5am arriba en Firenze a tomar el vuelo que, previa escala en Roma, nos llevaría a Catania (Sicilia). Arrivato al aeroporto, fuimos en búsqueda de nuestro vehículo. Todo ok, un bonito Chrysler Voyager azul que en segundos llenamos de bagagli de todo tipo y color.
Minutos más tarde ya estábamos en plena búsqueda de ese lugar llamado Mazzeo. Deambulando por la muy bonita localidad playera de Taormina (importante spot turístico, joya local) comenzamos nuestra encuesta a los apacibles vecinos con la pregunta “¿Scusi, dove e Mazzeo?” como estrella. Maniobrando finamente en las estrechas calles comenzaríamos la andadura de “situaciones extrañas” que caracterizará a este día por los siglos de los siglos: le dimos con la rueda delantera derecha a un cordón; el “bife” no fue brusco pero la rueda de la chata (cargadísima) acusó recibo. Pinchazo en Letojanni, justo al lado de Mazzeo. En un momento pensé “mirá que pintoresco… que simbólico, como si este inconveniente menor que sufrimos acá se reflejara en el inmenso esfuerzo de nuestra familia al cruzar el océano y terminar en Bs As”. Qué romántico fui. Lo del pinchazo fue un auténtico penal. La cultura low cost llegó a los vehículos de gama media-alta ya que la rueda de auxilio del Chrysler era de estas chiquitas de llanta negra con las que solo se puede ir a 80km/h. Cuestión que, mientras cambiábamos la rueda en una estación de servicio chiusa, se realizó aquella escena de la peli El joven Frankenstein donde mientras desentierran el cuerpo del futuro “mostro” el profesor le dice a Igor, su ayudante: “¡Qué trabajo tan sucio!” a lo que deforme responde “Podría ser peor… ¿qué tal si lloviera?” e inmediatamente se larga un diluvio de dimensiones importantes. Pues eso lo mismo nos pasó en este desolado lugar; lluvia a full.
Rueda cambiada y nueva inquietud: arreglar la rueda original para poder seguir viaje en las mejores condiciones. Pero antes, y luego de insistir con nuestra encuesta, llegará uno de los dos momentos enormes del día.
Letojanni como todo en esta vida, termina en algún lugar, ¡el lugar donde empieza Mazzeo!
Ahí nomás a obedecerle a nuestro eficaz equipo GPS que, sin embargo, esta vez no tuvo la mejor idea sobre como llegar del puerto a Zaccanopoli. Más de dos horas para hacer 80km. Cortes por obras, tráfico intenso, camiones, rutas deterioradas y una lluvia ya insoportable no pudieron con nuestro entusiasmo por conocer il popolo de la nonna, aunque debemos reconocer que en algún momento hubiésemos vuelto atrás en caso de encontrar alguna rotonda debido a que, de veras, de a ratos la cosa se ponía fea.
El destino nos dio coraje y ahí seguimos, zigzagueando las colinas que de momento se convertían en montañas a respetar. Un poco más de dos horas más tarde de haber salido del ferry, estábamos ahí.
Con mucho cariño, a todos los Mazzeo-Mazzitelli, a Lola y en especial al Negro y a Marietta.
Adriano Stefano Mazzeo Bermúdez Mazzitelli Ferreira.
Roma, 29 de enero de 2009.
Eterna Roma
A las 10 hs estábamos dejando el equipaje en el muy lindo departamento que alquilamos en el Trastevere. Este barrio (detrás del Tiber) es un barrio viejo, que se puso de moda nuevamente en los últimos años, lleno de bares y restaurantes. Más allá de eso, más lindo no puede ser. Tiene todo en su justa medida: calles estrechas y viejas (no antiguas), puntos de interés, como la Chiesa de Santa María in Trastevere, y animación con negocios, bares, cafés.
Al ir al avanzando hacia el centro de la ciudad, tuvimos varias “experiencias cercanas” del caótico tránsito romano. Me sorprendió ver que a los pies de Il Vittoriano no haya semáforos para cruzar las avenidas, y los peatones se manden sin más, esperando que los autos, motos (¡miles!) y buses les den el paso. Para que se den una idea: es como si en Plaza Italia, o en el Monumento de los Españoles en Buenos Aires, no hubiera semáforo para cruzar… loquísimo. Más allá de esto, la calle es efectivamente un caos, tal como todos siempre dicen de Roma. Pero, conociendo Buenos Aires, no tiene mucho que envidiar al quilombo de tránsito del centro.
Paseamos por la elegante Vía del Corso. Vimos la estatua de Colón, y llegamos a la mítica, legendaria, famosa Fontana di Trevi. Concurridísima y perfectamente iluminada, pudimos apreciar toda su belleza, aún de noche. Fue muy divertido ver a un par de tanos ladris “pescar” las moneditas de la fuente, munidos de una antena de coche con un imán en la punta. Es decir, todo el mundo está mirando las hermosas esculturas de la fuente, o de espaldas arrojando las monedas, y estos son los únicos que están mirando el fonde del agua, a la pesca. Más cómico resulta verlos discutir con los arrojadores de monedas, y escucharlos (parlando italiano, a lo tano, es decir, a los gritos) justificarse diciendo que Cáritas igual se lleva todo a la noche, y “domani per la matina” ya está todo limpio… O cuando los policías los increpan, sabiendo que es inútil: se sientan cinco minutos y arrancan otra vez (lástima que no hemos presenciado ninguna “rotura de antenita”, pero Adriano sabe que ese es el castigo). ¡Increíblemente divertido!
Más tarde pasamos por el Panteón. Hermoso edificio antiquísimo, que vendremos a ver de día.
Por hoy, ya tuvimos bastante. Nos fuimos a aprovisionar para la cena (mejor no cuento, para no provocar envidia que origine suicidios masivos), y nos vinimos a descansar, para darle duro mañana otra vez.
viernes, 30 de enero de 2009
Una breve enumeración
El día de ayer, 28 de enero, fue tan intenso, agotador, de tantas emociones, que vamos a relatarlo así: por un lado, esta simple cronología de lo que íbamos a hacer, y de lo que finalmente hicimos; y por otro lado, cada uno va a tratar de expresar algo de lo que le dejó esta experiencia.
Va la enumeración:
Plan original (planeado en Buenos Aires):
- Volar de Florencia a Roma y de Roma a Catania, en Sicilia. Hora de salida del hotel: 5:15 hs. Hora prevista de llegada a Catania: 10:30 hs.
- Sacar auto de Hertz, tipo 11:00 hs, y arrancar hacia el norte, a Messina (aprox. 80 km) para cruzar el estrecho en ferry. Tiempo estimado de ruta y ferry + changüí: dos horas y media (estaríamos en Calabria a las 13:30 hs)
- Ya en Calabria, proseguir hacia el norte, hasta llegar a Zaccanopoli, en Vibo Valentia (aprox. 80 km). Tiempo estimado de ruta+almuerzo, muuuy conservador: tres horas (estaríamos en Zaccanopoli a las 16:30 hs)
- Vuelta de reconocimiento, fotos y emoción en Zaccanopoli, ponele una hora.
Vuelta hasta Reggio Calabria (aprox. 80 km). Tiempo aproximado, paseando tranqui, con breve merienda: dos horas. Es decir, que estaríamos en Reggio Calabria a las 19:30 hs. - Búsqueda de hotel, instalación en el mismo, ducha, descanso,cena, etc. Escapada nocturna a devolver el auto a Hertz del aeropuerto a las 22:30 hs y vuelta al hotel a dormir para viajar a Roma fresquitos.
Real sucesión de acontecimientos (ver fotos):
- Salida de Florencia, vuelo a Roma, vuelo a Catania: de acuerdo a lo previsto
- Retiro del auto en Hertz: cero problema.
- Arranque hacia el norte de acuerdo a lo previsto. Día soleado.
- Primera modificación: “vamos a sacarnos una foto a Mazzeo”… “Pero, ¿vos tenés claro dónde es?”… “Eeeh,… no, pero es cerca de Taormina… dale, vamos”. Fuimos.
- Pinchadura de goma: 13 hs, aproximadamente. Cambio por cubierta de repuesto. Comienza llovizna.
- Sacamos fotos gloriosas. Ya es lluvia.
- Búsqueda de gomista. Salida de autopista en el pueblo de Roccalumera.
- Mientras buscamos al gomista (difícil, todo “chiuso”) somos detenidos por la policía del pueblo, que está cortando el tránsito para que pase un cortejo fúnebre llevando el cajón a pie, bajo la lluvia.
- Primer gomista: chiuso.
- Segundo gomista: revisa goma, la infla. Decide que no puede hacer el trabajo.
- Tercer gomista: comienza el trabajo, previa consulta con “el capo”
- Compramos dos tostados, dos pizzetas, un agua mineral, para consumir en el viaje.
- Retomamos camino a Messina, siempre bajo lluvia. Cruzamos el centro hasta el puerto para tomar el trasbordador, que arranca a las 17:20 hs. Lluvia intensa.
- A las 18 hs bajamos del trasbordador. Cruzamos Reggio Calabria, arrancando hacia el norte por la A3. Lluvia más que fuertecita. Noche cerrada.
- Nos comemos aproximadamente 40 km de autopista en arreglos, con un solo carril. Velocidad promedio, 60 km/h. No se puede retomar, así que seguimos.
- El GPS nos saca de la A3 y nos empieza a mandar a Zaccanopoli vía Nicotera, es decir por adentro: campo y montaña, muñeca y bocina (bah, bocina no: estábamos solos). Promedio: 40 km/h.
- Seguimos fielmente al GPS, que nos lleva a lugares que por lo menos son los que los carteles indican (por lo tanto, parece andar bien).
- El vehículo trae una falla menor desde que salimos: la luz del habitáculo (trasera) no se apaga. A esta altura, bastante molesto. Lluvia fuerte.
- Más trepadas y trepadas a cero luz, siguiendo al GPS. Gracias a luces lejanas adivinamos precipicios. Dolores de cabeza y de panza en la tripulación.
- Llegada a Zaccanopoli, aproximadamente a las 20:15 hs. Lluvia más que fuerte.
Breve recorrido en pueblo desierto. Grabación de videos. Fotos. Emoción. Lluvia más bien torrencial. - Vuelta a Reggio, directo al aeropuerto, a la búsqueda de un lugar cercano para pernoctar.
- Llegada 22 hs. Lluvia torrencial.
- Consulta en el aeropuerto: no hay hoteles cerca. Es más: casi no hay hoteles. “Ayuda” de mujer policía, que nos “recomienda” hotel amigo, el “President”.
- Intento de carga de gas oil para devolver el auto con tanque lleno (y no nos rompan el toor los de Hertz). Resultado fallido: falseada la tapa del depósito de combustible. Lluvia torrencial.
- 22:45 hs: devolución del auto. Negociación de pagos extras por combustible. Resultado: salado. Lluvia torrencial.
- 22:55 hs: negociación con tachero pelado ladri para el traslado al Hotel President. Viaje ilegal de cinco en el taxi: Adriano adelante, los otros cuatro atrás, upas incluidos.
- Malestares generales varios. Lluvia insoportablemente torrencial.
- Tachero pelado ladri tano del sur comunica (en su lengua) que “piove” hace tres meses.
- Viaje al Hotel President con nerviosismo: parecía que nos llevaban a las afueras de Mar de Ajó.
- Negociación con el otro tano del sur pelado ladri, conserje del Hotel President. Resultado: dos habitaciones de los años 70, a precios de 2009 en Londres.
- Intento de conseguir un delivery para cenar algo (remember: dos pizzetas y dos tostados para cinco). Todo chiuso. Menos mal: iba a ser más caro que comer en Champs Elyseés.
- No jabón. No champú. Mini bar: dos aguas (una fue la cena)
- 6 AM arriba. Lluvia torrencial. Pelado ladri nos traslada al aeropuerto. Apiñamiento e riesgo de vómito de una pasajera con malestar estomacal. Rotura de alma por parte del tachero pelado ladri tano del sur.
"¿Es Arte?" Si es en Florencia, sí.
Nos bajamos en el Duomo. La iglesia es enorme. Llamativamente, adentro está vacía. Bueno, “vacía” significa que en su nave central no tiene las clásicas filas de asientos para los fieles, y que sólo tiene algunos frescos del siglo XVI… La mayoría de las obras fueron trasladadas a lo largo del tiempo al Museo de la Ópera del Duomo.
La Catedral, como ya dijimos, impacta por su tamaño, siendo que fue diseñada en el siglo XIII (¿qué sería “diseñar” semejante cosa en aquel tiempo?) y construida durante dos siglos.
Me subí solo los más de 400 escalones hasta la cúpula, a través de escaleras empinadas y pasadizos cada vez más estrechos: casi me muero, no por el cansancio, sino por la vista inolvidable que me llevé en los ojos una vez arriba. Según me pareció, estaba en el punto más alto de la ciudad (creo que un poco más arriba que el campanario, que está al lado). A uno le tiembla algo cuando entiende que ese “lugar más alto” no es al Empire State, sino una construcción que lleva más de 400 años plantada ahí. Terrible.
De ahí, hacia el museo de La Accademia, a ver al David “de verdad”, del enorme Miguel Ángel. No voy a decir nada de esto, porque no soy capaz de transmitir semejante belleza. Una locura. Solamente mencionaré que hay también, al lado, un par de esculturas incompletas de Miguel Ángel, que estaban destinadas a la tumba del Papa Julio II. Al verlas, uno más o menos se acerca a tomar conciencia de lo que significa sacar “eso” de adentro de un bloque de mármol…
También visitamos la plaza frente a la Iglesia de Santa Croce. Hubo un episodio risueño con un intento de foto automática: casi se nos vuela la máquina de Adriano…
Almuerzo, y nueva visita a la Piazza della Signoria, que habíamos visto de noche. Esta piazza es un desborde de obras increíbles. Allí pudimos apreciar a la luz del día hermosas esculturas, entre ellas “El rapto de las Sabinas”, de Giambologna, de la cual habíamos visto un “modelo” en el museo de La Accademia.
Después, al otro punto más alto de Florencia, la Piazzale Michelángelo, del otro lado del Arno. Las vistas que se obtienen son bellísimas, como puede apreciarse en las fotos (no se pierdan el álbum completo).
Una vez abajo, de vuelta en la ciudad, paseo por el Ponte Vecchio, por el Palazzo Pitti, y vuelta al hotel, a prepararnos para el día más duro del tour: el del sur de Italia.
jueves, 29 de enero de 2009
lunes, 26 de enero de 2009
El epicentro del terremoto
En la oficina de turismo que visitamos no bien bajamos del tren nos dieron un mapa de la ciudad. Como es usual, tiene señalados los puntos de interés a visitar. Entre museos, iglesias y otros monumentos menciona… 64. ¡Es demasiado para un día! De modo que nuestra estrategia será la siguiente: hoy recorrida nocturna por el centro histórico, y mañana algún city-tour que nos ayude a ver algo de esta ciudad, epicentro de aquel terremoto artístico-cultural-filosófico que fue el Renacimiento.
Para no perder tiempo dimos la vuelta alrededor de la Basílica de Santa María del Fiore, también conocida como el Duomo. Es tan pero tan impactante que, sumada a la de San Marcos que vimos hoy, nos llevó a decir que hemos llegado al país de las ligas mayores de las iglesias. Al lado de estas dos, y de las que creemos que nos esperan en Roma, ninguna de las anteriores que vimos en España, Francia, Inglaterra, Holanda y Alemania tiene ni para empezar, dicho esto con el mayor de los respetos. Ojalá mañana podamos ver todo su esplendor por dentro: lo que es por fuera, hace temblar las rodillas.
Lo demás que pudimos ver nos dejó lindas viñetas: monumentos en la Plaza della Signoria, al lado del Palazzo Uffizi , el Ponte Vecchio… Y una cantante lírica en una recova de la Plaza de la República, que pedía apenas unas monedas a cambio de emocionarnos hasta las lágrimas (no es un lugar común: es lo que de verdad nos pasó)…
Florencia promete muchísimo arte y muchísima historia. Nosotros, prometemos dedicarle toda nuestra energía mañana para intentar estar a la altura de ella, a la que ya estamos empezando a querer.
"Un día es mejor que nada"
Otra vez la fascinación por todo lo de ayer, con agregados: sorprende ver a la gente dirigirse a trabajar en un lugar como este, que pareciera hecho sólo para el disfrute visual.
Caminando hacia la Piazza (la única con ese nombre en Venecia es la de San Marcos. Las otras son campi, piazzale, etc., pero no piazza) volvimos a perdernos en las calles. Los negocios ahora estaban abiertos, así que pudimos ver mejor que anoche los asombrosos cristales de Murano, muchísimas máscaras de papel maché, otra de las artesanías típicas de esta ciudad, que es a su vez famosa por el Carnaval.
En la Piazza con muchísimos turistas (teniendo en cuenta que es un lunes de invierno, nos damos una idea de lo que debe ser Venecia en verano…¡madonna!), nos sorprendió ver unas pasarelas elevadas. ¿El motivo? El agua había llegado a la piazza, y la cubría parcialmente, justo en el frente de la Basílica. Parece que son normales estos vaivenes marítimos, ya que nadie parecía darles importancia.
Adentro la Basílica de San Marcos impone respeto. ¡Esto sí que es una iglesia! La comenzaron a contruir en el siglos IX, por la llegada de los restos de San Marcos a la ciudad. Dichas reliquias fueron robadas de Alejandría, donde la tenían los musulmanes. Se dice que para poder sacarlas de allí, engañanado a los guardias, los que las trajeron (¿cruzados?) las ocultaron en un cajón debajo de una montaña de carne de cerdo. Al ser el cerdo un animal prohibido para los musulmanes, estos ni se acercaron a revisar (también se dice que este episodio, incluyendo un moro con cara de asco, está plasmado en uno de los ¿frescos? ¿mosaicos? de la Basílica, pero no lo pudimos encontrar).
La Basílica es imponente, decíamos, como muestra de arte y arquitectura bizantinos. Y es doble la admiración que despierta cuando uno piensa encima de qué está levantada: ¡una laguna pantanosa! Si se mira con atención se perciben ondulaciones en el piso y, en las columnas, leves desvíos de la vertical. ¡Increíble!
El día nos invitó a seguir recorriendo y maravillándonos. Si Adriano dijo de Amsterdam que era una foto en cada esquina, Venecia es una foto cada cinco metros. Tenemos más de 500 en este rato que estuvimos. Tal vez nos zarpamos un poco, pero es realmente hermosa por donde se la mire.
Al mediodía volvimos al hotel a por el equipaje. Fue algo dificultoso llegar a la estación de tren, distante apenas unos 300 m. Es que Venecia no es una ciudad pensada para trasladarse con equipajes por los puentes y escaleras. Claro que, por su belleza, uno le perdona hasta eso.
El problema es que hay “un” puente polémico en Venecia, y es el que se construyó hace poco, obra del celebérrimo arquitecto Calatrava (sí, el mismo del puente colgante de Puerto Madero). Desde luego, Calatrava, apañado por vaya a saber qué funcionario público, construyó un puente con su impronta, bastante diferente al estilo Veneciano. Eso no sería el problema, pero cuando uno llega se encuentra con un cartel que dice que “mientras no esté funcionando el elevador, las personas con movilidad reducida deberán cruzar a la estación por el trasnporte público gratuito”. Es decir: el puente, bien nuevo, no es apto para discapacitados. Y, por supuesto, tampoco lo es para sujetos como nosotros, que tuvimos que subir las cuatro maletas de 23 kg cada una a puuuuulso… ¡Calatrava, la c… de tu hermana!
Finalmente llegamos a la estación, a tomar el tren que nos llevará a Florencia, nuestra próxima escala. En el vagón 8, asiento 96, estuve escribiendo todo esto. Ahora, miraré un poco el paisaje o dormiré un rato. Próxima entrega: Florencia.
Cinco siglos en un día
Situación 2: un avión toca tierra y estallan aplausos y gritos y silbidos. Todo el mundo se pone de pie antes de que se apaguen las señales, y hace bromas y ríe a las carcajadas apenas se sube al micrito que lo llevará a la terminal del aeropuerto.
Test para lectores del blog: ¿Cuál de estas dos situaciones es en Alemania y cuál en italia?
Amigos: hoy le hemos dicho adiós a la cautivante, explosiva y, de alguna forma, joven Berlín, para pisar el suelo de esta bella señora que es Italia. En este momento, escribimos esto off-line, desde el Hotel Olimpia, Venecia, la noche del domingo 25.
Este día de fuertes contrastes lo comenzamos desayunando en el departamento, mientras esperábamos a Katja, la amable alemana que fue nuestro contacto en Berlin. Ella nos recibió y nos despidió y le debemos la “gentileza” de haber dejado que Adriano se mudara con nosotros extraoficialmente (recordaremos mucho tiempo su gesto de taparse los ojos). La risueña situación 1 relatada arriba sucedió cuando dejábamos el departamento. Tomamos el tren en Alexanderplatz, y 23 minutos después nos dejaba en el aeropuerto de Shoenefeld.
Luego de un exhaustivo control de seguridad llevado a cabo con rigidez germana (¿a qué no saben quién tuvo que desarmar tooooodo el bolsito rosa?), el vuelo de EasyJet salió esta vez sin demora. Y sin demora nos depositó en el Marco Polo de Venecia en lo que fue, para tres de nosotros, la primera vez en suelo italiano. Fue un emotivo momento. Eran aproximadamente las 15:40 hs.
Para comenzar a resumir Venecia tiro un dato: a las 22 hs, cuando terminé de bajar las fotos a la notebook antes de empezar a escribir esto, contabilizamos… 238 fotos. Se puede decir que Venecia nos impactó. Y hay algunas fotos que son realmente una postal. Así que recomiendo con entusiasmo que vean aquí todas las que puedan.
¿Qué hicimos? Llegamos, tiramos las valijas en la habitación, y nos fuimos corriendo a tomar el vaporetto hacia la Piazza de San Marcos. Disfrutamos mucho los paisajes, aunque para cuando llegamos ya era noche cerrada (calculo que si esto hubiera sido de día, llenábamos todas las memorias de fotos).
La Piazza es imponente, los turistas son muchos -a pesar de la hora y el frío-, y los locales de joyas y ropa son de lo más distinguido. Pero los canales, y los pequeños puentes y las calles estrechísimas son lo que más llama la atención y llena la vista. Como en el Barrio Gótico de Barcelona, como en el Barrio Latino de París, como en Toledo… bien antiguo, pero más extremo: acá está lleno de calles que uno abarca con abrir apenas los brazos, sin extenderlos. Se entiende: nunca necesitaron calles aptas para ningún vehículo, para eso están los canales.
El domingo a la noche parece que es una noche tranquila en Venecia. No tendremos oportunidad de comprobarlo, ya que es la única noche que pasaremos aquí. Pero la tranquilidad invita al paseo, así que desde la Piazza San Marco emprendimos el regreso al hotel caminando. Es bastante, ya que estamos en Piazzale Roma, en la otra punta de la ciudad. La distancia en sí es poca, pero las calles y campis (pequeñas plazas) son laberínticas e infinitas… No nos importa: desearíamos que no se acabaran nunca.
Párrafo aparte para un momento emotivo: Lola encontró casi por casualidad (¿o no tanto?) el Hotel Montecarlo. En él pasó su enésima luna de miel con el Negro cuando vino en el 91. Lagrimón, recuerdo y foto conmemorativa.
Un rato más tarde paramos a cenar a orillas del gran canal, prácticamente debajo del Rialto, el puente más importante de los más de 350 que tiene esta ciudad (ya que hablamos de números, puentes que unen las 118 islas e islotes). El Rialto no sólo es el más importante, centro de la gran actividad comercial que hizo brillar a Venecia hace un tiempito, sino también es el puente más viejo. Se construyó en madera en el siglo XII, y en el siglo XVI rehicieron el que subsiste hasta hoy. Se siente bruñida y fría la piedra, y se dispara la imaginación al pensar las generaciones enteras que pasaron por él.
La caminata entre canales, callejuelas, puentes nos llevó sin desvíos hasta el hotel... ¡gracias a las señales! Ahora, a descansar de tanta belleza y tanto viaje en el tiempo: del terrible siglo XX que nos mostró Berlín, a la Venecia esplendorosa del siglo XV…
sábado, 24 de enero de 2009
Callejeando
Zona de lindos negocios, comenzamos a recorrerla temprano, bajo una llovizna molesta, pero que se agradecía cada vez que recordábamos el frío de ayer.
Esta zona de Mitte fue durante mucho tiempo el barrio judío de Berlín. Algo curioso que vimos en estas calles es esto:
Son pequeñas placas que están por todos lados. En ellas aparecen nombres, lugares y fechas de nacimiento y muerte, y se las ve instaladas en los frentes de las últimas casas que habitaron esas personas. Exacto, adivinaron: son todas víctimas del nazismo, que gracias a esta idea tienen una especie de minimonumento personal. Menudo consuelo.
Acá se encuentra también la Nueva Sinagoga, que el otro día vimos de noche, con su hermosa cúpula dorada, y hoy vimos nuevamente (va foto en primer plano, y otra en que se la ve al fondo de la calle).
A media mañana, luego de cafecito en bonito bar portugués, hubo una división en el EDNCT. Yo volví a pasar por Kreuzberg, donde pude ver de día el barrio nuevamente, y entrar en un par de librerías, disquerías y comiquerías muy estilo “barrio-europeo-bohemio”. Pude notar mejor que anoche en algunas cuadras de este barrio la construcción bien uniforme del viejo Berlín Oriental.
El resto del grupo se dedicó a visitar el Ramones Museum. Sé que la pasaron genial, y trajeron muchas fotos, pero desde luego, y aprovechando el embale escritor que traen algunos, voy a dejar que lo reseñen de primera fuente ellos mismos.
Almuerzo de hamburguesas (y cerveza, obvio) en boliche estilo americano de los años 50, y a seguir viaje. Más cosas que vimos por el barrio: el Hackerscher Markt, una placita en la que se había formado una pequeña feria artesanal, y de frutas, verduras y plantas. Suponemos que está los fines de semana, porque ya habíamos pasado por el lugar hace un par de días y no estaba.
Hacia el final de la tarde de este día muy tranquilo decidimos cruzar toda la ciudad para volver a la zona de Charlottenburg. ¿A qué? A ver la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, es decir, la Iglesia Conmemorativa del Emperador Guillermo. Esta iglesia tiene la particularidad de haberse mantenido en pie luego de haber recibido serios bombazos durante la guerra. Desde luego, las bombas dejaron marcas, ya que de la iglesia original quedan ruinas, pero que se pueden visitar y se conservan como monumento antibélico. Al lado construyeron un nuevo templo, de cristales azules y negros, y una imagen de Cristo Dorada.
Ambos edificios están en medio de una activísima zona comercial. Evidentemente, es por ser sábado, pero hoy fue la primera vez que vimos algo más de gente en la calle. Nada que ver con París, Barcelona o Madrid en época de rebajas… pero se vio bastante gente animando las calles.
Recorrimos un rato esa zona de la calle Kurfüstendamm, con negocios de nivel y otros más freakies, tipo “todo por dos pesos” o de “moda alternativa”, que fueron los que más se llevaron nuestra atención, desde luego.
Ahora ya estamos de vuelta en casa, armando valijas y ordenando todo, porque mañana a las 11 hs salimos para el aeropuerto. Se termina otra gran visita a una ciudad sorprendente. Intentaré resumir en una idea la sensación que me llevo de este Berlín de hoy. Si París o Londres fueran refinados y exquisitos platos sobre una mesa bien servida, Berlín es una olla hirviendo en la cocina, a la que todavía le están sumando ingredientes. Tal vez termine de definir su identidad en ¿20? ¿50? ¿100? Años, o tal vez nunca. Se me hace que fueron muchos golpes, y muy fuertes, a lo largo de su historia, y es como que siempre está empezando.
Pero claro, hablo de bocón nomás: luego de solamente cuatro días acá, ¿qué puedo saber? Poco. Pero igual me siento un privilegiado por haber levantado la tapa de la olla este ratiro, y disfrutado de un aroma que promete mucho…
viernes, 23 de enero de 2009
Berlín, el musical.
Bajo el expreso pedido del capo de blog me asomo a esta sección para contarles un poco de la perspectiva que estoy teniendo respecto a la música en esta ciudad cada vez más dinámica (si, siempre lo recalcaré, DI NA MI CA).
Ayer, como adelantó el capo, fuimos con Agos y él, a ver a Lonely Drifter Karen. Un personaje interesante la Karen: de origen austríaco pero con talento desarrollado en Gotemburgo (segunda ciudad sueca y dueña de una movida indie envidiable que tiene a José Gonzalez como referente number one, ¿lo escucharon? Mostro mal.) y residente en la inspiradora Barcelona. Total que el show no fue lo más, aunque se las arregló para mostrar algún aspecto destacable, sobre todo su sólida voz muy mal acompañada por una despliegue físico casi rídiculo y naif. Así y todo la Karen se hizo querer gracias a una voz que de momentos recordaba a aquellas cantantes de jazz del este europeo (¿alguien dijo Marlene Dietrich?) con sus constantes guiños tiroleses.
Lonely Drifter Karen
La puerta del rancho de Iggy y David.
Interesante tambien es contar algo sobre la infinidad de record stores que visite estos dias. Hay para todos los gustos, desde el hard core extremo de Core Tex en Kreuzberg, al selectísimo techno de Wax trax pasando por las increible disquerías turcas y las de vinilos antiguos donde conviven con total armonía (cuak) Wagner, Mercedes Sosa y los Beach Boys ¡Y las de reggae! Un paraíso del melómano, podrán imaginarse que en esta ciudad estoy en el cielo.
¿Fríos los alemanes? jajaja!
Luego siguiendo en otra rama del arte los desafío a que adivinen el título de la peli que grafica esta foto. Piensen el el nombre de la gran señora de este tour y de lo que está haciendo en este momento, sumen el escenario urbano en el que se sacó la foto, y esto es más que pan comido (Amargo vos lo sacás en 1 segundo, Paco creo que vos tambien).
Ah! Y para terminar, es tan curioso lo que pasa en Berlín que hasta nos encontramos, caminando por ahi como si nada, con un local de comida 100% natural acusado de terrorista...
CUAK!
Abrazos!
Guten amend!
Adriano