Aprovechando que "en Casa Cruz no arrancan hasta las diez" (dato que resultó sorprendente para mí), dejamos a los chicos durmiendo un rato más y fuimos con Lola a dar un vueltín pre-desayuno por un Baio helado y húmedo (díganle a Gerardo que el invierno en Vicente López es el paraíso al lado de esto).
Algunas fotos más tarde, fuimos todos a por un desayuno caliente y cálido (en el sentido más amplio de la palabra) en la cocina de Casa Cruz, luego del cual arrancamos, con Elvira como invitada, nuestro paseo por la Costa da Morte. Llevábamos el GPS, y el "plus-GPS" provisto por José Luis.
Y a Elvira contándonos quién era de aquí, quién de allá, adónde venía la abuela Dolores a vender el pan, las frutas que "siempre nos traía papá como regalo... ¡cómo nos desesperábamos por ellas!"... en fin, un lujo de viñetas orales del cual no puedo transmitirles ni una mínima parte... ¡Consuelooooo, ayuda!
Visitamos Cee y Corcubión primero. Luego Fisterra, donde llegamos al famoso faro del fin de la tierra (kilómetro cero del Camino de Santiago).
En Muxia subimos hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Barca, que lleva casi 300 años en lo alto de un peñasco donde el viento nos pegó durísimo. Bah, no tan duro como para aquietar a las gallegas Lola y Elvira que trepaban y saltaban entre las rocas, con el mar turquesa golpeando fuerte como fondo.
¿Tenemos caras de frío? Bueno, es que hacía frío sin joda... si no, vean las noticias.
De allí, siempre por caminos "de adentro" (no carretera) fuimos hasta Camariñas, a encontrarnos con Pepe para almorzar (¿siguen queriendo saber? Ok, detallo entonces: revuelto de gambas, caldeirada de pinto, mejillones al vapor y pulpo con cachelos... no digan que no les avisé).
Ya satisfechos, vuelta a Baio para la obligatoria foto en la que fue la casa de los Bermúdez (sobrevive aún el castaño del tío Julio... ¡aguanta el bicho, eh?), a preparar las valijas, y tomar una merienda en la cocina de Casa Cruz (conocido como el lugar del que es imposible salir sin antes comer algo), con Teresa y don Fidel.
Tras una despedida emotiva, pero no exenta de algún reproche por la brevedad de nuestra visita, arrancamos hacia A Coruña, con el objetivo de Agos y la abuela de llegar a "las rebajas" post-Reyes en Zara y el Corte Inglés... sí, llegamos.
Y ahora, estamos escribiendo, off-line de nuevo, todo esto en el moderno Hotel AC de A Coruña, antes de irnos a dormir para afrontar medianamente enteros el largo día de mañana: arrancamos volando 7 AM a Madrid, y llegamos 2:40 PM a ... ¡Orly!
(*): desde la Rue Lamarck, Montmartre, París.



















2 comentarios:
Pero que lindo!!!
No puedo evitar emocionarme... y se me acaban las excusas. Voy a tener que ponerme en campaña para dejar de ser el único de esta extensa familia que no conoce Baio (bah, conozco bastante, pero no estuve nunca ahí).
Sigo leyendo...
Mariano
Bueno.....ya saben que poco me cuesta emocionarme, pero en Baio es imposible que no me pase, cada vez algo nuevo encuentro que me da esa cosa.... tan dificil de contar que me llena el alma, el corazón.
Ahora entiendo a mamá cuando disfrutaba tanto paseando por allí con alguno de nosotros:era revivir ó re-andar el pasado, para mi fue la alegría de mostrarle a mi hijo y nietos la casa que nací,mis primeras corridas por las rúas gallegas y la gente de mi querido Baio.
Ojalá lo pueda repetir con Mariano y los chicos, ahora que parece que le está picando el bichito.....
Gracias a los que nos acompañan con su cariño a traves del blog
Besoooosssss!!!!!!!!!!
Lola
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