sábado, 17 de enero de 2009

De Camden Town al Tower Bridge

Hoy, viernes 16 (sí, en efecto: estamos un día atrasados, pero estamos trabajando para usted), arrancamos estando a las 11 hs en Camden, un barrio al norte de Londres -nosotros estamos al suroeste-, para encontrarnos con Michael, un amigo de Agos.

Miramos este pintoresco lugar, una especie de Galería Bond Street a cielo abierto, lleno de locales de indumentaria rocker, de tattoo shops, piercings y ropa gótica. Debimos entrar a un mercado que pintaba bueno, pero buscando un local de discos que no encontramos, nos alejamos un poco, así que decidimos avanzar a nuestro próximo destino: el British Museum.

Llegamos usando el imprescindible tube y nos metimos derecho en el museo que - hay que decirlo - es gratuito. Cerca de dos horas después salíamos luego de haber visto… ¡una parte mínima!
De entrada, así como para romper el hielo, nos encontramos con la famosísima Piedra Rosetta. Se pueden distinguir en ella los tres pasajes de un mismo texto escrito con jeroglíficos, con otro idioma que es el que se usaba los egipcios cultos y por último en griego, idioma del gobierno. Con esta piedra (un fragmento de una losa mayor) encontrada por soldados franceses al final del siglo XVIII se pudo conocer el lenguaje de los antiguos jeroglíficos egipcios. De ahí la importancia que tiene.



Supongo que a cada uno la visita de un museo le activa distintos botones del alma. A mí semejante arranque con la Piedra Rosetta ya me situó en historias de civilizaciones antiguas, de reyes, guerras, monumentos (como decía un amigo en un cuento, “un mundo de mapas y brújulas”). Y con ese espíritu me perdí por las salas del museo, donde uno puede ver el trabajo de los artesanos (¿y esclavos?) egipcios con el granito de esas enormes estatuas en honor a sus reyes. Encontré cosas del ¡2500 a.C.! En comparación, lo de los asirios ya es casi contemporáneo (siglos VIII – IX a.C.).
De griegos y romanos no vi nada, porque me quedé en una sala de La Ilustración (“The Enlightenment”). Estaba hasta incluso bien ambientada: tenue luz natural, bibliotecas desde el piso hasta el techo, en anaqueles con grandes puertas vidriadas, y en medio del pabellón una serie de mesas ordenadas por temas que iban desde “Observación de los seres vivos”, “El nacimiento de la arquelogía moderna” y “Descifrando escritos antiguos”. Muy interesante de ver, resulta un poco conmovedor pensar en la, por ponerle un nombre, “ingenuidad” de aquellos hombres que pensaban que la razón y la ciencia eran las únicas fuentes de bienestar para la Humanidad… en fin.
Super hamburguesas a la salida, en “The Ultimate Burger” y de ahí a caminar a lo largo de Holborn hasta la imponente St. Paul Cathedral. Esta enorme catedral tiene sólo unos 300 años y es la sede de la diócesis (anglicana) de Londres. Allí descansan los restos de varios ingleses ilustres, entre ellos Lord Nelson (exacto, el de Trafalgar Sq.). Se puede subir a la cúpula y, salvo Lola, eso hicimos todos: como 350 escalones girando y girando, pero valió la pena… muy buenos los frescos y ¡muy buenas vistas sobre el Támesis!

A continuación, ya atardeciendo, seguimos hacia abajo por Cannon St. a través de una zona bancaria (uno la identifica sin necesidad de mirar los edificios: empieza a haber gente con determinada vestimenta, determinados celulares, determinados periódicos, y determinados ritmos al caminar y formas de hablar… en todas las ciudades es igual… “el ritmo frenético de la city”). Al final, el pemio fue llegar a las Torres de Londres, histórico edificio medieval al que no pudimos entrar, y un poco más allá, el emblemático Tower Bridge. Nos sacamos varias fotos de noche, pero igual prometimos a la abuela Lola que vamos a volver de día.



De ahí, de vuelta a casa (en el camino despedimos a Michael, que nos acompañó todo el día), y a descansar y a prepararnos para un sábado londinense (football match included)
Mientras tanto, never forget to…

No hay comentarios: