¡Buenas queridos seguidores y compañeros del EDNCT! ¡A todos los que gentilmente y con pasión siguieron las andanzas de estos cinco locos buscando las raíces por el hermoso y climaticamente hostil sur italiano, va dedicada esta seguidilla de videos para que las imagenes que fomaron en sus cabezas al leer la historia tomen un sentido más real!
Para mi sigue siendo de piel de gallina ver estos videos como se lo pueden imaginar, espero que lo disfruten ustedes también.
Con cariño,
Adriano.
pd: para entender mejor esta historia se recomienda chequear antes de ver los videos:
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/01/zaccanopoli-y-mazzeo-la-meca-de-la.html
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/02/in-memoriam.html
http://esdenocreer.blogspot.com/2009/01/una-breve-enumeracion.html
Llegamos por fin, ya estamos en tierra Siciliana. Benvenuti a Catania.
Comienza la afamada encuesta para encontrar nuestro pueblo, en este caso a una gesticulosa y cómica vecina de Taormina.
Primera imagen gloriosa: ¡Mazzeo! Primer garrón: rueda pinchada.
El equipo en la ardua tarea de reparar el desperfecto y seguir viaje.
Nada puede con la tenacidad familiar de este team. Seguimos camino.
¡La emoción y el orgullo nos invade al descubrir que nuestros antepasados si que vivían en un lugar bonito! ¡No como nosotros! ¡jajaja! Fiesta en las playas de Mazzeo/Letojanni.
¿Dove e Mazzeo? Seguimos con la encuesta, queremos encontrar el famoso cartel donde el Negro se fotografió en 1991.
¡Ahora si! Descontrol generalizado en pueblo silencioso. Un vecino nos advierte que estamos festejando en vano: ¡Mazzeo empieza 50 metros más allá del cartel! jajaja! Flash interminable anyways.
La emoción invade a Lola al reconocer el lugar exacto de su sesión de fotos de casi 18 años atrás, ¡Ahí está el cartel!
¡SOOOOOYYYYY MAZZEOOOOOOO, SOYYYYY MAZZEO, SOY, MAZZEEOOO YO SOOOOOYY! ¡CANTEN P*T*S!
Misión 1 cumplida: tenemos la foto de Mazzeo y un acelere espectacular. Gran momento.
A cruzar el estrecho entre Messina (Sicilia) y Vila San Giovanni (Calabria). Que miedito, maaadre mía.
Un par de horas depués exhaustos y debilitados, ahi estamos. Siamo in Zaccanopoli, el reino de the one and only la gran Abuela María. Sensación de emoción inexplicable, gargantita y perita temblando a full.
El almacenero de Zaccanopoli, desierta a esa hora y con esa lluvia, da por sentada la hazaña, estamos en Zaccanopoli donde el 90% de la gente se llama Mazzeo y muchos de ellos también Mazzitelli. Tremendo es poco. (Rianse de italiano pero no mucho, estaba fuera de mi, puedo hablarlo mejor, lo juro. Jajajaja)
Misión 2 cumplida. Zaccanopoli seguirá siendo el mismo, pero nosotros no. Conexión con el más allá. Todos los Mazzeo Mazzitelli en la cúspide sensitiva.
viernes, 6 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
¡Brindo por el EDNCT!
Ya con las maletas desarmadas, los sentimientos latentes de lo recientemente vivido y, por que nó, la tranquilidad de estar de nuevo en casa, quiero comentar un poco que significó para mi ser parte del EDNCT.
Desde hace varios años (casi 20) que no compartía un viaje con tantos integrantes de mi familia, por ahí es una dato tonto, pero para alguien que vive a 12000km de ellos, en un contexto social "reducido" (por más contactos que me haga aca en Madrid, jamás serán todos los de Bs As), es una experiencia particular y exitante.
Pues ahora con todos los recuerdos y las imágenes grabados en la cabeza, solo puedo decir que esto estuvo increíble. Fue alucinante formar parte de este grupito de personajes con gran sentido del humor (salvo a la hora del hambre de los adolescentes, jajaja!). Me reí muchisimo, lo disfruté y sumé anecdotas y frases célebres para divertirme un buen rato.¡Todo lo que un buen viaje tiene que dar!
Agos, Kbza, Ma, Goldo: nos vemos en Bs As, para seguir disfrutando de lo que el gran EDNCT nos dejó.
Levanto la copa ¡Salud! (Juli, esta vez tenés que brindar, amargo! jajaja)
Adriano
Desde hace varios años (casi 20) que no compartía un viaje con tantos integrantes de mi familia, por ahí es una dato tonto, pero para alguien que vive a 12000km de ellos, en un contexto social "reducido" (por más contactos que me haga aca en Madrid, jamás serán todos los de Bs As), es una experiencia particular y exitante.
Pues ahora con todos los recuerdos y las imágenes grabados en la cabeza, solo puedo decir que esto estuvo increíble. Fue alucinante formar parte de este grupito de personajes con gran sentido del humor (salvo a la hora del hambre de los adolescentes, jajaja!). Me reí muchisimo, lo disfruté y sumé anecdotas y frases célebres para divertirme un buen rato.¡Todo lo que un buen viaje tiene que dar!
Agos, Kbza, Ma, Goldo: nos vemos en Bs As, para seguir disfrutando de lo que el gran EDNCT nos dejó.
Levanto la copa ¡Salud! (Juli, esta vez tenés que brindar, amargo! jajaja)
Adriano
lunes, 2 de febrero de 2009
De pasada por Madrid
Escribo esto desde la sede Madrid, ya cerrando el EDNCT 2009, lo que no significa cerrando el blog, que seguramente completemos cuando hayamos desconectado, y caído, y reflexionado un poco más acerca de esta maravillosa experiencia.
Quisimos cerrar con un almuerzo de paella, que se lo debía Agos, pero la arrocería a la que fuimos estaba cerrada, así que nuestro último almuerzo conjunto en Europa resultó, paradójicamente, de comida mexicana, en La Mordida, restaurante propiedad de Joaquín Sabina, que resultó excelente (el restaurante, no Sabina).
Así que ahora, a descansar un rato, a hacer últimos ajustes al equipaje, y a esperar la salida de Air Europa y de Iberia de esta noche.
La próxima crónica (¿tal vez la última?), ya desde Buenos Aires.
Besos a todos, y gracias por la compañía.
Quisimos cerrar con un almuerzo de paella, que se lo debía Agos, pero la arrocería a la que fuimos estaba cerrada, así que nuestro último almuerzo conjunto en Europa resultó, paradójicamente, de comida mexicana, en La Mordida, restaurante propiedad de Joaquín Sabina, que resultó excelente (el restaurante, no Sabina).
Así que ahora, a descansar un rato, a hacer últimos ajustes al equipaje, y a esperar la salida de Air Europa y de Iberia de esta noche.
La próxima crónica (¿tal vez la última?), ya desde Buenos Aires.
Besos a todos, y gracias por la compañía.
Domingo en Roma
(por razones técnicas, sin fotos por el momento...)
Iniciamos nuestro último día completo en Roma visitando el mercado de Porta Portese. En el sur del Trastevere, en un terreno junto al río, se arma todos los domingos este bullicioso mercado al aire libre, del estilo de El Rastro, en Madrid.
Muy extenso, con una oferta bastante trucha (ropas de marca falsificadas, contrabandos, etc.), sólo nos llamaron la atención y nos divirtieron mucho unos calabreses que vendían comestibles típicos del sur. Sus sofisticadas herramientas de promoción eran los gritos pelados y convidar a la gente que pasaba con unas galletitas saladas y una salsa de un color, aroma y textura que yo no em animaría a probar por lo menos hasta las tres de la tarde…
Compramos unos DVDs vírgenes para backupear la “documentación” del EDNCT, y el regateo con estos tanos también fue muy entretenido. Pero más allá de eso, no encontramos discos usados, así que seguimos viaje.
Tuvimos oportunidad de ver la Piazza di Santa María in Trastevere un domingo a la mañana. La iglesia llena, los tanos yendo a Misa, un ambiente que lamentablemente uno ya no asocia con las grandes urbes en el siglo XXI. Pero otra vez Roma nos sorprende gratamente: por momentos, y en ciertas zonas, se respira un aire barrial auténtico que no se encuentra en otras ciudades. Por ejemplo, en el Trastevere hemos visto, sobre las calles atestadas de bares llenos de extranjeros de joda y tomando cerveza, una soga cruzando de lado a lado de la calle con la ropa tendida. Igual que en Puerto Madero…
Otra idea para este domingo a la mañana era recorrer Testaccio, el barrio que está al sur, y del otro lado del Tiber. Se lo menciona como el más romano de los barrios de Roma. De clase trabajadora, se supone que conserva todas las tradiciones… entre ellas la del ¡descanso dominical! Sí, porque, lamentablemente, encontramos todo cerrado y con muy poca vida.
Seguimos hacia nuestro destino pendiente en los Foros Romanos, pero antes encontramos en un barrio vecino (¿Aventino?) un parque elevado, cerca de una abadía o algo así de los Caballeros de la Orden de Malta, desde el que tuvimos unas hermosas vistas de la ciudad, entre unos naranjos bien perfumados…
Bajamos y bordeamos el Circo Massimo, para llegar al Palatino y a los Foros Romanos. Esta es una gran área arquelógica que ya apabulla por su magnitud. Son tantas las ruinas, y de tantos períodos distintos que uno, con su ignorancia a cuestas, apenas puede maravillarse con las construcciones, sospecho que sin llegar a apreciar la verdadera importancia de todo esto.
Luego de unas reparadoras pizzas nos mandamos los 120 escalones hasta la iglesia de Santa María in Anacoeli, ahí en el Campidoglio. Y de ahí, en ascensor hasta la Terraza de las Cuádrigas, que es la parte de arriba del monumento Il Vtttoriano. Excelentes vistas de Roma desde ahí arriba, mejoradas por un par de telescopios (¿se les dice así, aunque no se observen las estrellas?) de brutísimo zoom. Gracias a ellos veíamos la Piazza del Popolo como si estuviera al lado, y los flashes de las cámaras de los visitantes de la cúpula de San Pedro. Por supuesto, visita no apta para integrantes con vértigo…
Decidimos salir a cenar comida romana en nuestra última noche aquí. Caminamos nuestro pintoresco barrio y fuimos a parar a la Trattoria del Moro, con la idea de comer algo diferente de pizza. Nos atendió un tano ladri que nos quería vender lo que quería él en vez de lo que queríamos nosotros. Por ejemplo, le pedimos unas pastas, todas distintas como para poder probar, y nos decía “te traigo mejor dos lasagnas y dos spaghetti a la matriciana”… Decía que le faltaba gente, y se le complicaba con las pastas… “Con el segundo piatto no hay problema, ¿eh?”.. hasta que le pedimos y empezó “no hay, no hay”… Adriano se calentó, así que le garpamos las cervezas y las cocas y nos piramos a otro lado.
Menos más, porque fuimos a la cantinca de Cacio & Pepe, donde ajusticiamos unas excelentes bruschettas, un pecorino arrosto (queso romano asado), unos gnocchi al pomodoro, unos tagliatelle a la Isabela (champignones, tomate y ¡ricota!), unos bucatini a la matricciana y una saltimboca romana increíble. Chupitos de grappa, amaro y lemoncello, y a casa a descansar.
Iniciamos nuestro último día completo en Roma visitando el mercado de Porta Portese. En el sur del Trastevere, en un terreno junto al río, se arma todos los domingos este bullicioso mercado al aire libre, del estilo de El Rastro, en Madrid.
Muy extenso, con una oferta bastante trucha (ropas de marca falsificadas, contrabandos, etc.), sólo nos llamaron la atención y nos divirtieron mucho unos calabreses que vendían comestibles típicos del sur. Sus sofisticadas herramientas de promoción eran los gritos pelados y convidar a la gente que pasaba con unas galletitas saladas y una salsa de un color, aroma y textura que yo no em animaría a probar por lo menos hasta las tres de la tarde…
Compramos unos DVDs vírgenes para backupear la “documentación” del EDNCT, y el regateo con estos tanos también fue muy entretenido. Pero más allá de eso, no encontramos discos usados, así que seguimos viaje.
Tuvimos oportunidad de ver la Piazza di Santa María in Trastevere un domingo a la mañana. La iglesia llena, los tanos yendo a Misa, un ambiente que lamentablemente uno ya no asocia con las grandes urbes en el siglo XXI. Pero otra vez Roma nos sorprende gratamente: por momentos, y en ciertas zonas, se respira un aire barrial auténtico que no se encuentra en otras ciudades. Por ejemplo, en el Trastevere hemos visto, sobre las calles atestadas de bares llenos de extranjeros de joda y tomando cerveza, una soga cruzando de lado a lado de la calle con la ropa tendida. Igual que en Puerto Madero…
Otra idea para este domingo a la mañana era recorrer Testaccio, el barrio que está al sur, y del otro lado del Tiber. Se lo menciona como el más romano de los barrios de Roma. De clase trabajadora, se supone que conserva todas las tradiciones… entre ellas la del ¡descanso dominical! Sí, porque, lamentablemente, encontramos todo cerrado y con muy poca vida.
Seguimos hacia nuestro destino pendiente en los Foros Romanos, pero antes encontramos en un barrio vecino (¿Aventino?) un parque elevado, cerca de una abadía o algo así de los Caballeros de la Orden de Malta, desde el que tuvimos unas hermosas vistas de la ciudad, entre unos naranjos bien perfumados…
Bajamos y bordeamos el Circo Massimo, para llegar al Palatino y a los Foros Romanos. Esta es una gran área arquelógica que ya apabulla por su magnitud. Son tantas las ruinas, y de tantos períodos distintos que uno, con su ignorancia a cuestas, apenas puede maravillarse con las construcciones, sospecho que sin llegar a apreciar la verdadera importancia de todo esto.
Luego de unas reparadoras pizzas nos mandamos los 120 escalones hasta la iglesia de Santa María in Anacoeli, ahí en el Campidoglio. Y de ahí, en ascensor hasta la Terraza de las Cuádrigas, que es la parte de arriba del monumento Il Vtttoriano. Excelentes vistas de Roma desde ahí arriba, mejoradas por un par de telescopios (¿se les dice así, aunque no se observen las estrellas?) de brutísimo zoom. Gracias a ellos veíamos la Piazza del Popolo como si estuviera al lado, y los flashes de las cámaras de los visitantes de la cúpula de San Pedro. Por supuesto, visita no apta para integrantes con vértigo…
Decidimos salir a cenar comida romana en nuestra última noche aquí. Caminamos nuestro pintoresco barrio y fuimos a parar a la Trattoria del Moro, con la idea de comer algo diferente de pizza. Nos atendió un tano ladri que nos quería vender lo que quería él en vez de lo que queríamos nosotros. Por ejemplo, le pedimos unas pastas, todas distintas como para poder probar, y nos decía “te traigo mejor dos lasagnas y dos spaghetti a la matriciana”… Decía que le faltaba gente, y se le complicaba con las pastas… “Con el segundo piatto no hay problema, ¿eh?”.. hasta que le pedimos y empezó “no hay, no hay”… Adriano se calentó, así que le garpamos las cervezas y las cocas y nos piramos a otro lado.
Menos más, porque fuimos a la cantinca de Cacio & Pepe, donde ajusticiamos unas excelentes bruschettas, un pecorino arrosto (queso romano asado), unos gnocchi al pomodoro, unos tagliatelle a la Isabela (champignones, tomate y ¡ricota!), unos bucatini a la matricciana y una saltimboca romana increíble. Chupitos de grappa, amaro y lemoncello, y a casa a descansar.
Entre iglesias “menores” y estructuras mayores
Empezamos el día apuntando para el lado del Coliseo. Llegamos recorriendo el Circo Massimo, que era el estadio más grande de Roma, con capacidad para 250000 espectadores. El Coliseo estaba bastante concurrido, con turistas de todos lados. Nos alquilamos una audioguía, y escuchamos interesantes datos acerca de la historia de este otro gran estadio (entre 50 y 80 mil espectadores, digamos que como una cancha de River) y de las costumbres de los espectáculos públicos. Uno se estremece viendo los lugares por los que andaban los gladiadores, los animales…
Luego decidimos seguir un poco hacia el este, como para llegar a la Basílica de Santa María Maggiore. Esta es una de las cuatro grandes Basílicas de Roma y teníamos gran expectativa , pero lamentablemente la encontramos cerrada. Y bueno, para compensar nos fuimos a comer unos risottos… ¡qué va a hacer!
Volvimos para ver la Iglesia de San Pedro in Vincoli, que significa San Pedro en Cadenas. La iglesia es una iglesia “menor”. Aún cuando hay más de 900 iglesias en Roma, no deja de asombrar que iglesias como esta sean consideradas “menores”. San Pedro in Vincoli tiene como reliquias las cadenas con que maniataron a San Pedro… ¿qué tal? Pero eso no es todo: tiene también una “esculturita menor”: el Moisés, de Miguel Ángel. Asombroso todo: la “iglesia menor”, y la gran escultura del profeta con cuernos, que iba originalmente destinada a la tumba del Papa Julio II (como aquellas otras inconclusas que vimos en La Accademia de Florencia).
Más tarde fuimos al Panteón. Este antiguo templo de los romanos hace rato ya que funciona como iglesia, y llegamos justo para la Misa. No pueden entrar los turistas en ese momento, así que hicimos tiempo volviendo a admirar la Fontana di Trevi, para volver ya de vuelta al Panteón.
Se dice que esta construcción es el máximo exponente, el mayor logro, de la arquitectura de los romanos. Se mantiene en pie desde hace más de dos mil años. Sobresale su cúpula enorme, semiesfera perfecta de más de 40 m de diámetro, un milagro estructural en sí misma, considerando los materiales y técnicas de construcción que uno asocia con la época. El extremo de la cúpula está abierto al cielo (sí, si lluve, llueve adentro), en un círculo de casi 9 m de diámetro, aue además de una función simbólica cumple una importante función mecánica. Tremendo monumento. Nos quedamos, eso sí, con las ganas de verlo de día, con la luz natural.
Volvimos para ver la Iglesia de San Pedro in Vincoli, que significa San Pedro en Cadenas. La iglesia es una iglesia “menor”. Aún cuando hay más de 900 iglesias en Roma, no deja de asombrar que iglesias como esta sean consideradas “menores”. San Pedro in Vincoli tiene como reliquias las cadenas con que maniataron a San Pedro… ¿qué tal? Pero eso no es todo: tiene también una “esculturita menor”: el Moisés, de Miguel Ángel. Asombroso todo: la “iglesia menor”, y la gran escultura del profeta con cuernos, que iba originalmente destinada a la tumba del Papa Julio II (como aquellas otras inconclusas que vimos en La Accademia de Florencia).
Más tarde fuimos al Panteón. Este antiguo templo de los romanos hace rato ya que funciona como iglesia, y llegamos justo para la Misa. No pueden entrar los turistas en ese momento, así que hicimos tiempo volviendo a admirar la Fontana di Trevi, para volver ya de vuelta al Panteón.
Se dice que esta construcción es el máximo exponente, el mayor logro, de la arquitectura de los romanos. Se mantiene en pie desde hace más de dos mil años. Sobresale su cúpula enorme, semiesfera perfecta de más de 40 m de diámetro, un milagro estructural en sí misma, considerando los materiales y técnicas de construcción que uno asocia con la época. El extremo de la cúpula está abierto al cielo (sí, si lluve, llueve adentro), en un círculo de casi 9 m de diámetro, aue además de una función simbólica cumple una importante función mecánica. Tremendo monumento. Nos quedamos, eso sí, con las ganas de verlo de día, con la luz natural.
domingo, 1 de febrero de 2009
Otra vez el Gran Genio
Nuevo día en Roma, nuevo día de sol, nueva salida del EDNCT.
Salimos, no muy tempranito, caminando para la Ciudad del Vaticano. Al llegar a la Vía della Conciliazione y mirar hacia la izquierda, se ve de frente, con toda su presencia, con todo su poderío, la gran Basílica de San Pedro. Aunque impone su respeto, desde ese punto de vista, como continuando la avenida, parece… chica. O no tan grande como uno la tenía vista… Uno no sabe muy bien qué pasa, pero algo falla. No obstante, cuando uno se va a cercando, llega un punto en que ¡uops! se “abre” la enorme y, ahora sí, de avasallante imponencia Piazza San Pietro. Leímos por ahí que se la considera “uno de los espacios públicos más importantes del mundo entero”. Yo me pregunto: ¿cuáles son los otros?
Hicimos la cola y entramos a la Basílica. Es muy difícil decir algo, porque este templo sobrepasa cualquier explicación. Apenas me da para enumerar…
Nos maravillamos con La Piettá (es difícil creer que el Genio hizo esto con sólo 24 años…).
Vimos los restos del Papa Bueno, Juan XXIII, muy importante por haber impulsado el Concilio Vaticano II.
El baldaquín, o baldaccino, de Bernini, esa estructura que está sobre el altar y se ve en las celebraciones del Papa, es impactante. Tiene casi 30 metros de altura, y sus cuatro columnas son de bronce.
Enormes cuatro estatuas, alguna de ellas de Bernini, sostienen las cuatro “columnas” mayores sobre las que se apoya la cúpula, diseñada por… Miguel Ángel. Casi 120 metros de altura, nomás. La estatua más antigua es una de San Pedro, de bronce. Todo el mundo pasa y la venera tocando el pie derecho, que ya está desgastado luego de siglos de peregrinos pasando.
En fin, uno siente que es demasiado, que no se puede absorber tanta majestuosidad y tanta belleza. Salimos tan extasiados que no nos dimos cuenta de subir a la cúpula de la Basílica, a por unas vistas que deben ser increíbles. Pasará a engrosar la lista de “para la próxima”, junto con la Gruta de la Basílica, en la que descansan los restos del gran Juan Pablo II, entre otros Papas.
Como si esto fuera poco, nos metimos en los Museos Vaticanos. Estos Museos son muchos, y si bien se centran en arte religioso, tienen también obras etruscas y romanas y tapices y mapas. A propósito, en uno de estos últimos, uno de “Calabria Ulterior”, que sería como del ¿1200? ¿1400? ya figuraban Tropea y Nicotera, dos lugares que reconocimos de nuestro viajecito por el sur.
Se camina laaaargo por los Museos, siempre siguiendo la flecha que guía hacia lo que uno realmente vino a ver: “Capilla Sixtina”. Esto no deja de ser un poco injusto, porque en el camino nadie se detiene a ver casi nada, y uno sospecha que está pasando por alto obras valiosas… pero bueno, habíamos dejado a Adriano afuera, al sol de una plaza, solo… en fin, cada minuto que tardáramos en salir era un puestito de comidas que corría peligro… había que apurarse.
Más allá de bromas, un poco antes de llegar a la célebre Capilla hay unas salas (estancias) con imperdibles frescos de Rafael. En una de ellas está un grupo que recuerdaba vaya a saber de dónde, en el que se representan la Filosofía, la Justicia, la Poesía y la Teología. En otra, pinturas sobre Constatino y el triunfo del Cristianismo. Les debo una mirada con más detenimiento.
Al llegar a la Capilla Sixtina, uno encuentra que todo el mundo se detiene ahí. Y con razón. Es de lo más impactante que he visto. Despierta admiración por todos lados por los que se la mire. Desde las ideas, las composiciones, las alegorías, hasta la perfección técnica. Insisto en que soy un completo ignorante en este campo, pero, ingeniero al fin, de sólo tratar de imaginar cómo resolvió Miguel Ángel las perspectivas pintadas sobre una superficie abovedada ya me pone la piel de gallina. Impresiona. Otra vez el Gran Genio de Michelángelo.
Total y gozosamentemente golpeados por este monstruo salimos a la búsqueda de Adriano, al que encontramos apacible, tomando el sol entre las oleadas de turistas, y decidimos ir a almorzar unas pizzas, perfecto plato romano. A propósito, tal como dice una de las guías que tenemos, pudimos confirmar que Roma, a diferencia de otras ciudades que visitamos, mantiene sin ningún conflicto con la idea de modernidad, un montón de tradiciones y un espíritu pueblerino que me resulta cálido y acogedor. A ver si me explico bien: uno en Barcelona o en Madrid, va por ahí y se encuentra, según el barrio, con pocos o muchos restaurantes “de autor”, “cocina thai”, bares que por sus decoraciones parecen discotecas, etc. En Roma no es así. Las trattorias y las pizzerías de barrio se mantienen con orgullo y la tranquilidad propias del que sabe que no tiene que demostrar nada, del que tiene suficiente historia y personalidad como para ser el imitado y no el imitador. Así que, elegimos una de ellas y nos fuimos a “probar la tradición”.
Desde ahí, caminamos hacia el norte para llegar a la Piazza del Popolo, antigua entrada norte de la ciudad. Subiendo unas escaleras a través de un parque (justo donde comienza Villa Borghese) llegamos al Jardín del Pincio, desde donde se obtienen buenísimas vistas de Roma.
Más adelante, bajando por la Vía del Babuino nos fuimos hasta Piazza Spagna. No estaba ninguna modelo bajando la escaleras, ni ningún modisto presentando una colección, no… lo que había era un millón de turistas aprovechando el sol que ya estaba a punto de despedirse hasta mañana. Hermoso lugar.
Seguimos por la Vía dei Condotti, exclusivísimo lugar en el que se ven Maserattis estacionadas, y en las vidrieras se ve por ejemplo una estola de visón de € 3000… en fin, menos mal que no teníamos las tarjetas, a ver si nos tentamos con algo.
Esta calle nos dejó cerca de nuestro siguiente punto: la Piazza Navona. Con sus restaurantes, sus puestos de souvenires y sus tres fuentes, en las que intervino el interminable Bernini, gran artífice de la Roma que podemos ver hoy, la Piazza resulta animada y bellísima a la vez, incluso de noche. Sobre una de sus calles está la Iglesia de Santa Inés, y un hermoso Palazzo, hoy sede de la Embajada de Brasil.
Ya para cerrar el día (o la nochecita) fuimos a conocer la tradicional plaza llamada Campo de Fiori, muy concurrida y curiosa por los contrastes arquitectónicos en los edificios que la limitan. Muy lindo lugar, en el que Julián paró a tomar un poco de agua de una de las fuentes públicas que abundan por la ciudad.
Y con esto cerramos este impactante y lleno de arte segundo día en Roma.
Salimos, no muy tempranito, caminando para la Ciudad del Vaticano. Al llegar a la Vía della Conciliazione y mirar hacia la izquierda, se ve de frente, con toda su presencia, con todo su poderío, la gran Basílica de San Pedro. Aunque impone su respeto, desde ese punto de vista, como continuando la avenida, parece… chica. O no tan grande como uno la tenía vista… Uno no sabe muy bien qué pasa, pero algo falla. No obstante, cuando uno se va a cercando, llega un punto en que ¡uops! se “abre” la enorme y, ahora sí, de avasallante imponencia Piazza San Pietro. Leímos por ahí que se la considera “uno de los espacios públicos más importantes del mundo entero”. Yo me pregunto: ¿cuáles son los otros?
Hicimos la cola y entramos a la Basílica. Es muy difícil decir algo, porque este templo sobrepasa cualquier explicación. Apenas me da para enumerar…
Nos maravillamos con La Piettá (es difícil creer que el Genio hizo esto con sólo 24 años…).
Vimos los restos del Papa Bueno, Juan XXIII, muy importante por haber impulsado el Concilio Vaticano II.
El baldaquín, o baldaccino, de Bernini, esa estructura que está sobre el altar y se ve en las celebraciones del Papa, es impactante. Tiene casi 30 metros de altura, y sus cuatro columnas son de bronce.
Enormes cuatro estatuas, alguna de ellas de Bernini, sostienen las cuatro “columnas” mayores sobre las que se apoya la cúpula, diseñada por… Miguel Ángel. Casi 120 metros de altura, nomás. La estatua más antigua es una de San Pedro, de bronce. Todo el mundo pasa y la venera tocando el pie derecho, que ya está desgastado luego de siglos de peregrinos pasando.
En fin, uno siente que es demasiado, que no se puede absorber tanta majestuosidad y tanta belleza. Salimos tan extasiados que no nos dimos cuenta de subir a la cúpula de la Basílica, a por unas vistas que deben ser increíbles. Pasará a engrosar la lista de “para la próxima”, junto con la Gruta de la Basílica, en la que descansan los restos del gran Juan Pablo II, entre otros Papas.
Como si esto fuera poco, nos metimos en los Museos Vaticanos. Estos Museos son muchos, y si bien se centran en arte religioso, tienen también obras etruscas y romanas y tapices y mapas. A propósito, en uno de estos últimos, uno de “Calabria Ulterior”, que sería como del ¿1200? ¿1400? ya figuraban Tropea y Nicotera, dos lugares que reconocimos de nuestro viajecito por el sur.
Se camina laaaargo por los Museos, siempre siguiendo la flecha que guía hacia lo que uno realmente vino a ver: “Capilla Sixtina”. Esto no deja de ser un poco injusto, porque en el camino nadie se detiene a ver casi nada, y uno sospecha que está pasando por alto obras valiosas… pero bueno, habíamos dejado a Adriano afuera, al sol de una plaza, solo… en fin, cada minuto que tardáramos en salir era un puestito de comidas que corría peligro… había que apurarse.
Más allá de bromas, un poco antes de llegar a la célebre Capilla hay unas salas (estancias) con imperdibles frescos de Rafael. En una de ellas está un grupo que recuerdaba vaya a saber de dónde, en el que se representan la Filosofía, la Justicia, la Poesía y la Teología. En otra, pinturas sobre Constatino y el triunfo del Cristianismo. Les debo una mirada con más detenimiento.
Al llegar a la Capilla Sixtina, uno encuentra que todo el mundo se detiene ahí. Y con razón. Es de lo más impactante que he visto. Despierta admiración por todos lados por los que se la mire. Desde las ideas, las composiciones, las alegorías, hasta la perfección técnica. Insisto en que soy un completo ignorante en este campo, pero, ingeniero al fin, de sólo tratar de imaginar cómo resolvió Miguel Ángel las perspectivas pintadas sobre una superficie abovedada ya me pone la piel de gallina. Impresiona. Otra vez el Gran Genio de Michelángelo.
Total y gozosamentemente golpeados por este monstruo salimos a la búsqueda de Adriano, al que encontramos apacible, tomando el sol entre las oleadas de turistas, y decidimos ir a almorzar unas pizzas, perfecto plato romano. A propósito, tal como dice una de las guías que tenemos, pudimos confirmar que Roma, a diferencia de otras ciudades que visitamos, mantiene sin ningún conflicto con la idea de modernidad, un montón de tradiciones y un espíritu pueblerino que me resulta cálido y acogedor. A ver si me explico bien: uno en Barcelona o en Madrid, va por ahí y se encuentra, según el barrio, con pocos o muchos restaurantes “de autor”, “cocina thai”, bares que por sus decoraciones parecen discotecas, etc. En Roma no es así. Las trattorias y las pizzerías de barrio se mantienen con orgullo y la tranquilidad propias del que sabe que no tiene que demostrar nada, del que tiene suficiente historia y personalidad como para ser el imitado y no el imitador. Así que, elegimos una de ellas y nos fuimos a “probar la tradición”.
Desde ahí, caminamos hacia el norte para llegar a la Piazza del Popolo, antigua entrada norte de la ciudad. Subiendo unas escaleras a través de un parque (justo donde comienza Villa Borghese) llegamos al Jardín del Pincio, desde donde se obtienen buenísimas vistas de Roma.
Más adelante, bajando por la Vía del Babuino nos fuimos hasta Piazza Spagna. No estaba ninguna modelo bajando la escaleras, ni ningún modisto presentando una colección, no… lo que había era un millón de turistas aprovechando el sol que ya estaba a punto de despedirse hasta mañana. Hermoso lugar.
Seguimos por la Vía dei Condotti, exclusivísimo lugar en el que se ven Maserattis estacionadas, y en las vidrieras se ve por ejemplo una estola de visón de € 3000… en fin, menos mal que no teníamos las tarjetas, a ver si nos tentamos con algo.
Esta calle nos dejó cerca de nuestro siguiente punto: la Piazza Navona. Con sus restaurantes, sus puestos de souvenires y sus tres fuentes, en las que intervino el interminable Bernini, gran artífice de la Roma que podemos ver hoy, la Piazza resulta animada y bellísima a la vez, incluso de noche. Sobre una de sus calles está la Iglesia de Santa Inés, y un hermoso Palazzo, hoy sede de la Embajada de Brasil.
Ya para cerrar el día (o la nochecita) fuimos a conocer la tradicional plaza llamada Campo de Fiori, muy concurrida y curiosa por los contrastes arquitectónicos en los edificios que la limitan. Muy lindo lugar, en el que Julián paró a tomar un poco de agua de una de las fuentes públicas que abundan por la ciudad.
Y con esto cerramos este impactante y lleno de arte segundo día en Roma.
In Memoriam
Antes de empezar, aclaro a los amables lectores: esto tiene poco que ver con turismo, y es más un mensaje personal para la familia y los amigos. Como dijo Adriano, tiene que ver con la “búsqueda de las raíces”.
En varios momentos del viaje hacia Zaccanopoli pensé en pegar la vuelta e irnos a dormir a Reggio di Calabria. Nada estaba saliendo según lo previsto, la ruta estaba difícil, la lluvia no aflojaba, y las caras de sufrimiento de Lola, Agostina y Julián sumaban, haciéndome sentir responsable del mal momento.
Sin embargo, seguí. ¿Por qué? Uf… qué difícil intentar una respuesta.
Nosotros tuvimos una abuela, María Mazzitelli, que, como toda abuela que se precie, nos contó miles de historias. O en realidad, sólo una: “su” historia. Que era una historia de una infancia bastante triste. Ahora que lo pienso, tal vez para ella no era exactamente “triste”. Tal vez era como algo natural, un destino preasignado que se debía aceptar con serenidad. De todas maneras, estoy seguro de que, si no con palabras, esa tristeza nos la transmitía con la mirada dulce y cansada.
Según esta historia contada, y filtrada por mis propios recuerdos, y al revés de lo que solía ocurrir por aquellos años, María nació en Buenos Aires, en Almagro, en 1913, y viajó para Italia a los tres años. Parece que su mamá se murió en el parto, y su papá viajó a Italia de vuelta solo (según ella, para pelear en la Primera Guerra; según supe alguna vez, para escapar de un ajuste por un asunto turbio). La cuestión es que su propia abuela (me viene a la memoria el nombre Margarita, pero…), decidió llevársela de vuelta a su Calabria natal.
Este “viaje al revés” siempre me llamó la atención. Ahora de grande, habiendo visto algo del mundo, y con un hermano emigrado (ojo, según los cánones de la emigración siglo XXI, no XIX), creo que este viaje de María y su abuela dice muchísimo acerca del desarraigo, la miseria, la soledad y el miedo. Y del coraje, claro. No estoy seguro de que lo supieran, pero pensemos que se volvían a un país y a un continente en plena guerra…
Después vinieron unos años de crianza en Zaccanopoli, hasta que María se vuelve a Buenos Aires, creo que sola, a los 17 años, en 1930. ¿Había muerto su abuela? No me acuerdo. Pero la etapa Buenos Aires es otra historia.
Lo que me movía a seguir arrastrando aquella noche a mis compañeros de ruta, sangre Mazzeo al fin y al cabo, eran todas las historias que me había contado María de esos años que, imagino, eran como un sueño en su vida, como son siempre los recuerdos de la infancia.
Esas historias, de las que no recuerdo ni una entera, me dejaron imágenes. De campo, de montañas, de huertos, de sol, de fuegos, de pan.
Yo iba manejando en medio de la tormenta y no podía ver nada de esos paisajes. Me sentía un poco frustrado por esto, porque la forma del camino, las luces lejanas allá abajo, de alguna casita perdida en la montaña, los bosques que alcanzaban a alumbrar las luces del auto, me hacían adivinar un paisaje maravilloso. Y nos lo estábamos perdiendo… Íbamos detrás de una foto oscura en un cartel rutero y, con suerte, detrás de una recorrida mínima por un pueblo desierto en semejante noche, con nada de tiempo para recorrer… Pero seguimos igual.
¿Por qué? Mi viejo también habia venido y, de alguna forma, se las había arreglado para transmitirnos la emoción que para él había sido encontrarse con viejos compañeros de escuela de su madre… ¿Cómo podía yo arrugar y volverme?
Muchas veces pensé que los porteños que estamos entre la generación de mi viejo y la mía somos gente que, en su mayoría, no ha conocido el lugar donde nacieron sus abuelos. Muchos ni siquiera saben dónde es. A lo mejor los sociólogos pueden con este único dato entender y explicar pilas de comportamientos y costumbres, vaya uno a saber. Lo que yo sí sé es que conocer el lugar de tus raíces, lo más lejos que se pueda en el tiempo, debería ser una especie de “derecho humano”, algo que todo el mundo debería tener.
A lo mejor ahí, y en mi testarudez gallega, y en que me acompañaban hermano e hijos, hay algo de la explicación de por qué llegué a Zaccanopoli la inclemente y hostil noche del 28 de enero de 2009, a honrar la memoria de María Rosa Mazzitelli (2/6/1913 – 8/5/1986).
Ariel Mazzeo, enero 2009
En varios momentos del viaje hacia Zaccanopoli pensé en pegar la vuelta e irnos a dormir a Reggio di Calabria. Nada estaba saliendo según lo previsto, la ruta estaba difícil, la lluvia no aflojaba, y las caras de sufrimiento de Lola, Agostina y Julián sumaban, haciéndome sentir responsable del mal momento.
Sin embargo, seguí. ¿Por qué? Uf… qué difícil intentar una respuesta.
Nosotros tuvimos una abuela, María Mazzitelli, que, como toda abuela que se precie, nos contó miles de historias. O en realidad, sólo una: “su” historia. Que era una historia de una infancia bastante triste. Ahora que lo pienso, tal vez para ella no era exactamente “triste”. Tal vez era como algo natural, un destino preasignado que se debía aceptar con serenidad. De todas maneras, estoy seguro de que, si no con palabras, esa tristeza nos la transmitía con la mirada dulce y cansada.
Según esta historia contada, y filtrada por mis propios recuerdos, y al revés de lo que solía ocurrir por aquellos años, María nació en Buenos Aires, en Almagro, en 1913, y viajó para Italia a los tres años. Parece que su mamá se murió en el parto, y su papá viajó a Italia de vuelta solo (según ella, para pelear en la Primera Guerra; según supe alguna vez, para escapar de un ajuste por un asunto turbio). La cuestión es que su propia abuela (me viene a la memoria el nombre Margarita, pero…), decidió llevársela de vuelta a su Calabria natal.
Este “viaje al revés” siempre me llamó la atención. Ahora de grande, habiendo visto algo del mundo, y con un hermano emigrado (ojo, según los cánones de la emigración siglo XXI, no XIX), creo que este viaje de María y su abuela dice muchísimo acerca del desarraigo, la miseria, la soledad y el miedo. Y del coraje, claro. No estoy seguro de que lo supieran, pero pensemos que se volvían a un país y a un continente en plena guerra…
Después vinieron unos años de crianza en Zaccanopoli, hasta que María se vuelve a Buenos Aires, creo que sola, a los 17 años, en 1930. ¿Había muerto su abuela? No me acuerdo. Pero la etapa Buenos Aires es otra historia.
Lo que me movía a seguir arrastrando aquella noche a mis compañeros de ruta, sangre Mazzeo al fin y al cabo, eran todas las historias que me había contado María de esos años que, imagino, eran como un sueño en su vida, como son siempre los recuerdos de la infancia.
Esas historias, de las que no recuerdo ni una entera, me dejaron imágenes. De campo, de montañas, de huertos, de sol, de fuegos, de pan.
Yo iba manejando en medio de la tormenta y no podía ver nada de esos paisajes. Me sentía un poco frustrado por esto, porque la forma del camino, las luces lejanas allá abajo, de alguna casita perdida en la montaña, los bosques que alcanzaban a alumbrar las luces del auto, me hacían adivinar un paisaje maravilloso. Y nos lo estábamos perdiendo… Íbamos detrás de una foto oscura en un cartel rutero y, con suerte, detrás de una recorrida mínima por un pueblo desierto en semejante noche, con nada de tiempo para recorrer… Pero seguimos igual.
¿Por qué? Mi viejo también habia venido y, de alguna forma, se las había arreglado para transmitirnos la emoción que para él había sido encontrarse con viejos compañeros de escuela de su madre… ¿Cómo podía yo arrugar y volverme?
Muchas veces pensé que los porteños que estamos entre la generación de mi viejo y la mía somos gente que, en su mayoría, no ha conocido el lugar donde nacieron sus abuelos. Muchos ni siquiera saben dónde es. A lo mejor los sociólogos pueden con este único dato entender y explicar pilas de comportamientos y costumbres, vaya uno a saber. Lo que yo sí sé es que conocer el lugar de tus raíces, lo más lejos que se pueda en el tiempo, debería ser una especie de “derecho humano”, algo que todo el mundo debería tener.
A lo mejor ahí, y en mi testarudez gallega, y en que me acompañaban hermano e hijos, hay algo de la explicación de por qué llegué a Zaccanopoli la inclemente y hostil noche del 28 de enero de 2009, a honrar la memoria de María Rosa Mazzitelli (2/6/1913 – 8/5/1986).
Ariel Mazzeo, enero 2009
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