Teníamos poco tiempo, pues por ser el último día del año, el Museo cerraba a las 14 hs, así que nos concentramos en pocas áreas puntuales que nos interesaban.Vimos el espeluznante Jardín de las Delicias, de El Bosco, más algunas otras obras del holandés.
Después nos fuimos a ver la obra de ese genio loco que fue Francisco de Goya y Lucientes. Primero las terroríficas Pinturas Negras, con el Saturno y Las Parcas. Después, las que recrean la rebelión del 2 de mayo de 1808 y el posterior fusilamiento de los rebeldes el día 3, verdaderamente conmovedoras ambas. Y por último, la Maja Vestida (a la escandalosa Maja Desnuda no pudimos verla, ya que estaba en préstamo, en París).
Por último, el tiempo nos alcanzó para ir a ver parte de la obra de la otra gran estrella del Museo: don Diego Rodriguez de Silva y Velázquez. Prácticamente nos fuimos derecho a ver su pintura más importante, Las Meninas. Tengo el privilegio de verla por segunda vez, y la verdad, es para quedarse un rato largo contemplándola. Y eso que no me considero un amante de las artes plásticas ni un conocedor ni nada. Tal vez ahí se ven las Grandes Obras: por el efecto que producen en los simples mortales... ¡Espectacular!
Después de ahí, a recorrer el multiétnico barrio de Lavapiés. En sus calles uno se cruza con inmigrantes africanos, indios, paquistaníes, orientales. Se respira un aroma especial, distinto, proveniente tal vez de la forma de cocinar y los ingredientes exóticos (para nosotros, claro).
Aquí la situación cn los inmigrantes no es la más... "fácil", por decirlo de alguna manera.
Allí almorzamos en un restaurante paquistaní. No recuerdo el nombre de las comidas, pero sí que estaban deliciosas (esto va para los "inmunes a la envidia" que reclamaron detalles: curry de pollo, cordero, langostinos, otro pollo ultra picante con pimientos y cebollas, arroz, panes de cebolla y ajo, helados hindúes de mango y de pistachio y almendras. ¡Inolvidable!
Para intentar "bajar" los manjares orientales, emprendimos la caminata hacia la zona de Chueca, reducto de la comunidad gay en Madrid. Esta foto la sacamos en el camino, en un cruce de calles, cerca de la Plaza Santa Ana.


















