A la mañana salimos a recorrer esta hermosa ciudad. Nos tomamos por primera vez en todo el EDNCT un bus de esos de “sight-seeing”, por lo menos para que nos lleve a los lugares más importantes (bah… algunos de los cientos que hay en Florencia).
Nos bajamos en el Duomo. La iglesia es enorme. Llamativamente, adentro está vacía. Bueno, “vacía” significa que en su nave central no tiene las clásicas filas de asientos para los fieles, y que sólo tiene algunos frescos del siglo XVI… La mayoría de las obras fueron trasladadas a lo largo del tiempo al Museo de la Ópera del Duomo.
La Catedral, como ya dijimos, impacta por su tamaño, siendo que fue diseñada en el siglo XIII (¿qué sería “diseñar” semejante cosa en aquel tiempo?) y construida durante dos siglos.
Me subí solo los más de 400 escalones hasta la cúpula, a través de escaleras empinadas y pasadizos cada vez más estrechos: casi me muero, no por el cansancio, sino por la vista inolvidable que me llevé en los ojos una vez arriba. Según me pareció, estaba en el punto más alto de la ciudad (creo que un poco más arriba que el campanario, que está al lado). A uno le tiembla algo cuando entiende que ese “lugar más alto” no es al Empire State, sino una construcción que lleva más de 400 años plantada ahí. Terrible.
De ahí, hacia el museo de La Accademia, a ver al David “de verdad”, del enorme Miguel Ángel. No voy a decir nada de esto, porque no soy capaz de transmitir semejante belleza. Una locura. Solamente mencionaré que hay también, al lado, un par de esculturas incompletas de Miguel Ángel, que estaban destinadas a la tumba del Papa Julio II. Al verlas, uno más o menos se acerca a tomar conciencia de lo que significa sacar “eso” de adentro de un bloque de mármol…
También visitamos la plaza frente a la Iglesia de Santa Croce. Hubo un episodio risueño con un intento de foto automática: casi se nos vuela la máquina de Adriano…
Almuerzo, y nueva visita a la Piazza della Signoria, que habíamos visto de noche. Esta piazza es un desborde de obras increíbles. Allí pudimos apreciar a la luz del día hermosas esculturas, entre ellas “El rapto de las Sabinas”, de Giambologna, de la cual habíamos visto un “modelo” en el museo de La Accademia.
Después, al otro punto más alto de Florencia, la Piazzale Michelángelo, del otro lado del Arno. Las vistas que se obtienen son bellísimas, como puede apreciarse en las fotos (no se pierdan el álbum completo).
Una vez abajo, de vuelta en la ciudad, paseo por el Ponte Vecchio, por el Palazzo Pitti, y vuelta al hotel, a prepararnos para el día más duro del tour: el del sur de Italia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Guauuuu!!! Dentro de muchos años van a poder comprobar lo que se les incrustó el Renacimiento y todas sus genialidades en el cerebro. Cuando vean las fotos van a recordar hasta los olores de cada momento (me pasa a mí con las fotos de ustedes y después de 13 años!). En general les va a pasar con todo el viaje, pero "la Toscana" es increible!
Lo que les falta lo van a disfrutar en el Vaticano. Prepárense pra pagar exceso de equipaje porque las retinas van a venir muy cargadas!
Besos a todos!
Mariano
Publicar un comentario