sábado, 31 de enero de 2009

Zaccanopoli y Mazzeo, la meca de la emoción.

Ayer fue una de las jornadas más intensas que recuerde. Ya, esto no tuvo ni comparación al día que nació Dante, pero la verdad es que, salvo el día de este acontecimiento en el que tu existir habita por unas cuaaantas horas un lugar mágico e indescriptible, ayer fue también, a su manera un día mágico, celebre e irrepetible. Desde hacer más de 17 años, sueño con conocer Mazzeo (el pueblo italiano que nos da nombre) y Zaccanopoli (el pueblo italiano donde vivió la increíble abuela María). La fecha de inauguración de este sueño fue sellada por aquella mítica foto que el Negro se sacó con un cartel-señal de transito que anunciaba nuestro apellido.
Pues, en el marco de este apasionante EDNCT, nos largamos a la aventura de recorrer el sur italiano y finalmente dar con estos sencillos lugares pero que llenan el corazón más que cualquier Torre Eiffel, de Alexanderplatz o Big Ben.
La giornata comenzó bien tempranito: 5am arriba en Firenze a tomar el vuelo que, previa escala en Roma, nos llevaría a Catania (Sicilia). Arrivato al aeroporto, fuimos en búsqueda de nuestro vehículo. Todo ok, un bonito Chrysler Voyager azul que en segundos llenamos de bagagli de todo tipo y color.
Minutos más tarde ya estábamos en plena búsqueda de ese lugar llamado Mazzeo. Deambulando por la muy bonita localidad playera de Taormina (importante spot turístico, joya local) comenzamos nuestra encuesta a los apacibles vecinos con la pregunta “¿Scusi, dove e Mazzeo?” como estrella. Maniobrando finamente en las estrechas calles comenzaríamos la andadura de “situaciones extrañas” que caracterizará a este día por los siglos de los siglos: le dimos con la rueda delantera derecha a un cordón; el “bife” no fue brusco pero la rueda de la chata (cargadísima) acusó recibo. Pinchazo en Letojanni, justo al lado de Mazzeo. En un momento pensé “mirá que pintoresco… que simbólico, como si este inconveniente menor que sufrimos acá se reflejara en el inmenso esfuerzo de nuestra familia al cruzar el océano y terminar en Bs As”. Qué romántico fui. Lo del pinchazo fue un auténtico penal. La cultura low cost llegó a los vehículos de gama media-alta ya que la rueda de auxilio del Chrysler era de estas chiquitas de llanta negra con las que solo se puede ir a 80km/h. Cuestión que, mientras cambiábamos la rueda en una estación de servicio chiusa, se realizó aquella escena de la peli El joven Frankenstein donde mientras desentierran el cuerpo del futuro “mostro” el profesor le dice a Igor, su ayudante: “¡Qué trabajo tan sucio!” a lo que deforme responde “Podría ser peor… ¿qué tal si lloviera?” e inmediatamente se larga un diluvio de dimensiones importantes. Pues eso lo mismo nos pasó en este desolado lugar; lluvia a full.
Rueda cambiada y nueva inquietud: arreglar la rueda original para poder seguir viaje en las mejores condiciones. Pero antes, y luego de insistir con nuestra encuesta, llegará uno de los dos momentos enormes del día.
Letojanni como todo en esta vida, termina en algún lugar, ¡el lugar donde empieza Mazzeo! Luego de años y años de ver con gran admiración la más que feliz cara de mi viejo en aquella foto del 91 con el cartel que reza nuestro apellido a su lado, finalmente llegaba hasta ahí y encima, de impagable yapa, acompañado de el Goldo, mami, Agos y Juli. Lisa y llanamente ¡no lo podía creer! ¡Qué emoción estar en la cumbre antropológica de la propia familia! Llamando la atención de un solitario vecino gracias a nuestros festejos barrabravescos (imaginarse un quinteto de limados festejando ante un cartel estatal en un pueblo mínimo del más italian deep south) hicimos las obligatorias fotos y, eufóricos y al grito de “Soy Mazzeooooo, soy Mazzeo, soy Mazzeooo, yo soyyyyy” nos dirigimos a emprender viaje hasta nuestra propia meca: Zaccanopoli, donde nacieron mis bisabuelos y donde vivió entre los 2 y los 17 años mi nonna Maria, localmente conocida como “Marietta la diavola”, debido a su carácter travieso. A quienes la hayan conocido, los invito a que la recuerden con su expresión pacífica, su gracioso acento, esa mirada de mejor-persona-no-puedo-ser y su interminable cariño y sensibilidad de abuela. Y encima cocinaba como los dioses. Que maestra, por favor. Bueno, cuestión que para llegar hasta Zaccanopoli, en la provincia de Calabria, hay que cruzar el estrecho mediterráneo que divide Messina (del lado siciliano) y Vila San Giovanni (en el continente, en la puntita de la bota). Pero claro, antes, y para asegurar un mejor desempeño en la strada, necesitábamos cambiar la bendita rueda. Esto fue mucho más difícil de lo que imaginábamos. Buscar un gomista en esta zona es un parto. Luego de tres fallidos intentos lo conseguimos y de paso compramos dos panini y dos pizzetas para el viaje. Rato más tarde, ya anocheciendo, llegábamos a Messina. Entrar en esta ciudad y encontrar en lugar exacto donde embarcar el coche no es tan fácil como se supone. Es un hecho más que reconocido que en Italia hay un contraste tremendo entre norte y sur. Mientras en Firenze hay glamour y arte por los cuatro costados, en Sicilia la cosa se parece más al norte de África o a Latinoamérica. Finalmente y bajo una incesante lluvia llegamos al embarcadero del porto. Un lugar retro-futurista, casi un escenario de Mad Max, feo y muy raro. Las instrucciones de los veteranos operarios eran imposibles de entender, el acento sureño hacía que sus palabras llegaran irreconocibles a nuestros oídos, máxime distorsionadas por los ruidos clásicos de estos lugares industriales. Finalmente los gestos fueron más fuertes (los subtítulos porteños de este monólogo serían “¡Daaaaale, subí tomuer!“) y entendimos que el coche subía por una vía súper estrecha por la misma que subían cristianos a pie, motos, perros, gatos y todo lo que pueda subir a un barco. El paso por el estrecho nos dio 15 minutitos de relax.
Ahí nomás a obedecerle a nuestro eficaz equipo GPS que, sin embargo, esta vez no tuvo la mejor idea sobre como llegar del puerto a Zaccanopoli. Más de dos horas para hacer 80km. Cortes por obras, tráfico intenso, camiones, rutas deterioradas y una lluvia ya insoportable no pudieron con nuestro entusiasmo por conocer il popolo de la nonna, aunque debemos reconocer que en algún momento hubiésemos vuelto atrás en caso de encontrar alguna rotonda debido a que, de veras, de a ratos la cosa se ponía fea.
El destino nos dio coraje y ahí seguimos, zigzagueando las colinas que de momento se convertían en montañas a respetar. Un poco más de dos horas más tarde de haber salido del ferry, estábamos ahí. Zaccanopoli se anunciaba con un cartel normalito, fondo blanco y letras oscuras, acompañado de dos menores: uno de velocidad máxima 30 y otro de prohibido tocar bocina, detalles que dan una idea más firme del tamaño de este pueblito. Nos conmovimos mucho. Pasamos el cartel y nos encontramos paseando por el pueblo, la lluvia no paraba, es más, era bestial a ese momento, pero no importó. Bajamos a hacernos fotos en una placita y a hablar con un almacenero que, si adivinaron, también se llama Mazzeo. Luego de gentilmente indicarme como volver hacia Reggio di Calabria (donde devolveríamos el coche y haríamos noche luego de varios inconvenientes para encontrar hospedaje), le conté por que estaba ahí y automáticamente me preguntó mi apellido, su comentario a mi respuesta fue “¡Ja! Anche io sono Mazzeo. Mazzeo siamo il 90% di questo popolo. Mazzitelli un po meno” Para el hombre quizás fuese una situación particular, curiosa, pero a mi esta conversación de solo dos minutos me llegó muy dentro. No se por que, quizá por mi experiencia como inmigrante en Madrid, pero este tipo de situaciones me movilizan muchísimo. Acercarse aunque sea por unos instantes a un lugar donde comenzó tu propia historia me hace sentir agraciado, lleno de una felicidad y un orgullo muy difícil de explicar. A veces pienso que si Dante decide armar su vida en Argentina, quizá le pase algo parecido cuando vuelva a Madrid. Sin saber como, cuando tocás una página de tu historia (o de tu prehistoria) como ayer lo pude hacer el corazón se te agranda, llegando a sentir la emoción de estar conectados con los que te rodean, los que reciben tus llamadas al momento desde Argentina, los que saben que estás siendo muy feliz por estar ahí y los que al mismo tiempo que vos se alegran y enorgullecen estando mucho más allá y al mismo tiempo bien dentro tuyo.


Con mucho cariño, a todos los Mazzeo-Mazzitelli, a Lola y en especial al Negro y a Marietta.


Adriano Stefano Mazzeo Bermúdez Mazzitelli Ferreira.

Roma, 29 de enero de 2009.

Eterna Roma

Luego del dificilísimo día 28, llegamos hoy 29 a Roma, que nos recibió con el clima opuesto al del duro sur: soleadísimo.
A las 10 hs estábamos dejando el equipaje en el muy lindo departamento que alquilamos en el Trastevere. Este barrio (detrás del Tiber) es un barrio viejo, que se puso de moda nuevamente en los últimos años, lleno de bares y restaurantes. Más allá de eso, más lindo no puede ser. Tiene todo en su justa medida: calles estrechas y viejas (no antiguas), puntos de interés, como la Chiesa de Santa María in Trastevere, y animación con negocios, bares, cafés.




Luego del reparador desayuno que necesitábamos, y las reparadoras duchas y mini siestas, salimos a caminar al sol. Se ve que tanta tormenta nos hizo disfrutar más el día, así que decidimos almorzar en una terracita soleada, por primera vez en el EDNCT.

De ahí arrancamos hacia el Campidoglio. En el camino pasamos por el barrio judío de Roma, lleno de restaurantes Kosher. Vimos Il Vittoriano, tremendo monumento dedicado a Victor Manuel. Arriba, en la Piazza del Campidoglio, una estatua ecuestre que hizo Miguel Ángel, flanqueada por los Museos Capitolinos. Detrás del tercer edificio que bordea la plaza, algo así como la legislatura de la ciudad, tuvimos nuestra primera e impresionante visión de los Foros Romanos. Es una gran extensión llena de ruinas romanas, que tendremos que bajar a ver con más detalle (estaba por cerrar). Igual, pudimos ver las ruinas de la celda en la que tuvieron presos a San Pedro y a otros mártires.



Al ir al avanzando hacia el centro de la ciudad, tuvimos varias “experiencias cercanas” del caótico tránsito romano. Me sorprendió ver que a los pies de Il Vittoriano no haya semáforos para cruzar las avenidas, y los peatones se manden sin más, esperando que los autos, motos (¡miles!) y buses les den el paso. Para que se den una idea: es como si en Plaza Italia, o en el Monumento de los Españoles en Buenos Aires, no hubiera semáforo para cruzar… loquísimo. Más allá de esto, la calle es efectivamente un caos, tal como todos siempre dicen de Roma. Pero, conociendo Buenos Aires, no tiene mucho que envidiar al quilombo de tránsito del centro.
Paseamos por la elegante Vía del Corso. Vimos la estatua de Colón, y llegamos a la mítica, legendaria, famosa Fontana di Trevi. Concurridísima y perfectamente iluminada, pudimos apreciar toda su belleza, aún de noche. Fue muy divertido ver a un par de tanos ladris “pescar” las moneditas de la fuente, munidos de una antena de coche con un imán en la punta. Es decir, todo el mundo está mirando las hermosas esculturas de la fuente, o de espaldas arrojando las monedas, y estos son los únicos que están mirando el fonde del agua, a la pesca. Más cómico resulta verlos discutir con los arrojadores de monedas, y escucharlos (parlando italiano, a lo tano, es decir, a los gritos) justificarse diciendo que Cáritas igual se lleva todo a la noche, y “domani per la matina” ya está todo limpio… O cuando los policías los increpan, sabiendo que es inútil: se sientan cinco minutos y arrancan otra vez (lástima que no hemos presenciado ninguna “rotura de antenita”, pero Adriano sabe que ese es el castigo). ¡Increíblemente divertido!

Más tarde pasamos por el Panteón. Hermoso edificio antiquísimo, que vendremos a ver de día.
Por hoy, ya tuvimos bastante. Nos fuimos a aprovisionar para la cena (mejor no cuento, para no provocar envidia que origine suicidios masivos), y nos vinimos a descansar, para darle duro mañana otra vez.

viernes, 30 de enero de 2009

Una breve enumeración

El día de ayer, 28 de enero, fue tan intenso, agotador, de tantas emociones, que vamos a relatarlo así: por un lado, esta simple cronología de lo que íbamos a hacer, y de lo que finalmente hicimos; y por otro lado, cada uno va a tratar de expresar algo de lo que le dejó esta experiencia.
Va la enumeración:

Plan original (planeado en Buenos Aires):

  • Volar de Florencia a Roma y de Roma a Catania, en Sicilia. Hora de salida del hotel: 5:15 hs. Hora prevista de llegada a Catania: 10:30 hs.
  • Sacar auto de Hertz, tipo 11:00 hs, y arrancar hacia el norte, a Messina (aprox. 80 km) para cruzar el estrecho en ferry. Tiempo estimado de ruta y ferry + changüí: dos horas y media (estaríamos en Calabria a las 13:30 hs)
  • Ya en Calabria, proseguir hacia el norte, hasta llegar a Zaccanopoli, en Vibo Valentia (aprox. 80 km). Tiempo estimado de ruta+almuerzo, muuuy conservador: tres horas (estaríamos en Zaccanopoli a las 16:30 hs)
  • Vuelta de reconocimiento, fotos y emoción en Zaccanopoli, ponele una hora.
    Vuelta hasta Reggio Calabria (aprox. 80 km). Tiempo aproximado, paseando tranqui, con breve merienda: dos horas. Es decir, que estaríamos en Reggio Calabria a las 19:30 hs.
  • Búsqueda de hotel, instalación en el mismo, ducha, descanso,cena, etc. Escapada nocturna a devolver el auto a Hertz del aeropuerto a las 22:30 hs y vuelta al hotel a dormir para viajar a Roma fresquitos.

Real sucesión de acontecimientos (ver fotos):

  • Salida de Florencia, vuelo a Roma, vuelo a Catania: de acuerdo a lo previsto
  • Retiro del auto en Hertz: cero problema.
  • Arranque hacia el norte de acuerdo a lo previsto. Día soleado.
  • Primera modificación: “vamos a sacarnos una foto a Mazzeo”… “Pero, ¿vos tenés claro dónde es?”… “Eeeh,… no, pero es cerca de Taormina… dale, vamos”. Fuimos.
  • Pinchadura de goma: 13 hs, aproximadamente. Cambio por cubierta de repuesto. Comienza llovizna.
  • Sacamos fotos gloriosas. Ya es lluvia.
  • Búsqueda de gomista. Salida de autopista en el pueblo de Roccalumera.
  • Mientras buscamos al gomista (difícil, todo “chiuso”) somos detenidos por la policía del pueblo, que está cortando el tránsito para que pase un cortejo fúnebre llevando el cajón a pie, bajo la lluvia.
  • Primer gomista: chiuso.
  • Segundo gomista: revisa goma, la infla. Decide que no puede hacer el trabajo.
  • Tercer gomista: comienza el trabajo, previa consulta con “el capo”
  • Compramos dos tostados, dos pizzetas, un agua mineral, para consumir en el viaje.
  • Retomamos camino a Messina, siempre bajo lluvia. Cruzamos el centro hasta el puerto para tomar el trasbordador, que arranca a las 17:20 hs. Lluvia intensa.
  • A las 18 hs bajamos del trasbordador. Cruzamos Reggio Calabria, arrancando hacia el norte por la A3. Lluvia más que fuertecita. Noche cerrada.
  • Nos comemos aproximadamente 40 km de autopista en arreglos, con un solo carril. Velocidad promedio, 60 km/h. No se puede retomar, así que seguimos.
  • El GPS nos saca de la A3 y nos empieza a mandar a Zaccanopoli vía Nicotera, es decir por adentro: campo y montaña, muñeca y bocina (bah, bocina no: estábamos solos). Promedio: 40 km/h.
  • Seguimos fielmente al GPS, que nos lleva a lugares que por lo menos son los que los carteles indican (por lo tanto, parece andar bien).
  • El vehículo trae una falla menor desde que salimos: la luz del habitáculo (trasera) no se apaga. A esta altura, bastante molesto. Lluvia fuerte.
  • Más trepadas y trepadas a cero luz, siguiendo al GPS. Gracias a luces lejanas adivinamos precipicios. Dolores de cabeza y de panza en la tripulación.
  • Llegada a Zaccanopoli, aproximadamente a las 20:15 hs. Lluvia más que fuerte.
    Breve recorrido en pueblo desierto. Grabación de videos. Fotos. Emoción. Lluvia más bien torrencial.
  • Vuelta a Reggio, directo al aeropuerto, a la búsqueda de un lugar cercano para pernoctar.

  • Llegada 22 hs. Lluvia torrencial.
  • Consulta en el aeropuerto: no hay hoteles cerca. Es más: casi no hay hoteles. “Ayuda” de mujer policía, que nos “recomienda” hotel amigo, el “President”.
  • Intento de carga de gas oil para devolver el auto con tanque lleno (y no nos rompan el toor los de Hertz). Resultado fallido: falseada la tapa del depósito de combustible. Lluvia torrencial.
  • 22:45 hs: devolución del auto. Negociación de pagos extras por combustible. Resultado: salado. Lluvia torrencial.
  • 22:55 hs: negociación con tachero pelado ladri para el traslado al Hotel President. Viaje ilegal de cinco en el taxi: Adriano adelante, los otros cuatro atrás, upas incluidos.

  • Malestares generales varios. Lluvia insoportablemente torrencial.
  • Tachero pelado ladri tano del sur comunica (en su lengua) que “piove” hace tres meses.
  • Viaje al Hotel President con nerviosismo: parecía que nos llevaban a las afueras de Mar de Ajó.
  • Negociación con el otro tano del sur pelado ladri, conserje del Hotel President. Resultado: dos habitaciones de los años 70, a precios de 2009 en Londres.
  • Intento de conseguir un delivery para cenar algo (remember: dos pizzetas y dos tostados para cinco). Todo chiuso. Menos mal: iba a ser más caro que comer en Champs Elyseés.
  • No jabón. No champú. Mini bar: dos aguas (una fue la cena)
  • 6 AM arriba. Lluvia torrencial. Pelado ladri nos traslada al aeropuerto. Apiñamiento e riesgo de vómito de una pasajera con malestar estomacal. Rotura de alma por parte del tachero pelado ladri tano del sur.

"¿Es Arte?" Si es en Florencia, sí.

A la mañana salimos a recorrer esta hermosa ciudad. Nos tomamos por primera vez en todo el EDNCT un bus de esos de “sight-seeing”, por lo menos para que nos lleve a los lugares más importantes (bah… algunos de los cientos que hay en Florencia).
Nos bajamos en el Duomo. La iglesia es enorme. Llamativamente, adentro está vacía. Bueno, “vacía” significa que en su nave central no tiene las clásicas filas de asientos para los fieles, y que sólo tiene algunos frescos del siglo XVI… La mayoría de las obras fueron trasladadas a lo largo del tiempo al Museo de la Ópera del Duomo.
La Catedral, como ya dijimos, impacta por su tamaño, siendo que fue diseñada en el siglo XIII (¿qué sería “diseñar” semejante cosa en aquel tiempo?) y construida durante dos siglos.
Me subí solo los más de 400 escalones hasta la cúpula, a través de escaleras empinadas y pasadizos cada vez más estrechos: casi me muero, no por el cansancio, sino por la vista inolvidable que me llevé en los ojos una vez arriba. Según me pareció, estaba en el punto más alto de la ciudad (creo que un poco más arriba que el campanario, que está al lado). A uno le tiembla algo cuando entiende que ese “lugar más alto” no es al Empire State, sino una construcción que lleva más de 400 años plantada ahí. Terrible.




De ahí, hacia el museo de La Accademia, a ver al David “de verdad”, del enorme Miguel Ángel. No voy a decir nada de esto, porque no soy capaz de transmitir semejante belleza. Una locura. Solamente mencionaré que hay también, al lado, un par de esculturas incompletas de Miguel Ángel, que estaban destinadas a la tumba del Papa Julio II. Al verlas, uno más o menos se acerca a tomar conciencia de lo que significa sacar “eso” de adentro de un bloque de mármol…
También visitamos la plaza frente a la Iglesia de Santa Croce. Hubo un episodio risueño con un intento de foto automática: casi se nos vuela la máquina de Adriano…
Almuerzo, y nueva visita a la Piazza della Signoria, que habíamos visto de noche. Esta piazza es un desborde de obras increíbles. Allí pudimos apreciar a la luz del día hermosas esculturas, entre ellas “El rapto de las Sabinas”, de Giambologna, de la cual habíamos visto un “modelo” en el museo de La Accademia.



Después, al otro punto más alto de Florencia, la Piazzale Michelángelo, del otro lado del Arno. Las vistas que se obtienen son bellísimas, como puede apreciarse en las fotos (no se pierdan el álbum completo).



Una vez abajo, de vuelta en la ciudad, paseo por el Ponte Vecchio, por el Palazzo Pitti, y vuelta al hotel, a prepararnos para el día más duro del tour: el del sur de Italia.

jueves, 29 de enero de 2009

lunes, 26 de enero de 2009

El epicentro del terremoto

Llegamos a Florencia. Se ve que había estado lloviendo antes de que lleguemos. Las calles están mojadas, pero… esto no son vacaciones, esto no es joda, esto es…. ¡el EDNCT! Así que tiramos las cosas en el hotel, y salimos a buscar el hostel de Adriano. Lo encontramos a una cuadra de la Plaza de la República, pero parece que es tan malo que se va a venir con nosotros a dormir a un lugar decente.
En la oficina de turismo que visitamos no bien bajamos del tren nos dieron un mapa de la ciudad. Como es usual, tiene señalados los puntos de interés a visitar. Entre museos, iglesias y otros monumentos menciona… 64. ¡Es demasiado para un día! De modo que nuestra estrategia será la siguiente: hoy recorrida nocturna por el centro histórico, y mañana algún city-tour que nos ayude a ver algo de esta ciudad, epicentro de aquel terremoto artístico-cultural-filosófico que fue el Renacimiento.
Para no perder tiempo dimos la vuelta alrededor de la Basílica de Santa María del Fiore, también conocida como el Duomo. Es tan pero tan impactante que, sumada a la de San Marcos que vimos hoy, nos llevó a decir que hemos llegado al país de las ligas mayores de las iglesias. Al lado de estas dos, y de las que creemos que nos esperan en Roma, ninguna de las anteriores que vimos en España, Francia, Inglaterra, Holanda y Alemania tiene ni para empezar, dicho esto con el mayor de los respetos. Ojalá mañana podamos ver todo su esplendor por dentro: lo que es por fuera, hace temblar las rodillas.
Lo demás que pudimos ver nos dejó lindas viñetas: monumentos en la Plaza della Signoria, al lado del Palazzo Uffizi , el Ponte Vecchio… Y una cantante lírica en una recova de la Plaza de la República, que pedía apenas unas monedas a cambio de emocionarnos hasta las lágrimas (no es un lugar común: es lo que de verdad nos pasó)…
Florencia promete muchísimo arte y muchísima historia. Nosotros, prometemos dedicarle toda nuestra energía mañana para intentar estar a la altura de ella, a la que ya estamos empezando a querer.

"Un día es mejor que nada"

Fieles a nuestro segundo lema, dispuestos a aprovechar este “día mejor que nada”, hemos batido el récord de salida mañanera para el EDNCT: antes de las 9 estábamos caminando otra vez por Venecia. Día hermoso, ya se nota que amanece más temprano. Es que enero avanza y nosotros nos movemos cada vez más hacia el sur.

Otra vez la fascinación por todo lo de ayer, con agregados: sorprende ver a la gente dirigirse a trabajar en un lugar como este, que pareciera hecho sólo para el disfrute visual.
Caminando hacia la Piazza (la única con ese nombre en Venecia es la de San Marcos. Las otras son campi, piazzale, etc., pero no piazza) volvimos a perdernos en las calles. Los negocios ahora estaban abiertos, así que pudimos ver mejor que anoche los asombrosos cristales de Murano, muchísimas máscaras de papel maché, otra de las artesanías típicas de esta ciudad, que es a su vez famosa por el Carnaval.
En la Piazza con muchísimos turistas (teniendo en cuenta que es un lunes de invierno, nos damos una idea de lo que debe ser Venecia en verano…¡madonna!), nos sorprendió ver unas pasarelas elevadas. ¿El motivo? El agua había llegado a la piazza, y la cubría parcialmente, justo en el frente de la Basílica. Parece que son normales estos vaivenes marítimos, ya que nadie parecía darles importancia.



Adentro la Basílica de San Marcos impone respeto. ¡Esto sí que es una iglesia! La comenzaron a contruir en el siglos IX, por la llegada de los restos de San Marcos a la ciudad. Dichas reliquias fueron robadas de Alejandría, donde la tenían los musulmanes. Se dice que para poder sacarlas de allí, engañanado a los guardias, los que las trajeron (¿cruzados?) las ocultaron en un cajón debajo de una montaña de carne de cerdo. Al ser el cerdo un animal prohibido para los musulmanes, estos ni se acercaron a revisar (también se dice que este episodio, incluyendo un moro con cara de asco, está plasmado en uno de los ¿frescos? ¿mosaicos? de la Basílica, pero no lo pudimos encontrar).
La Basílica es imponente, decíamos, como muestra de arte y arquitectura bizantinos. Y es doble la admiración que despierta cuando uno piensa encima de qué está levantada: ¡una laguna pantanosa! Si se mira con atención se perciben ondulaciones en el piso y, en las columnas, leves desvíos de la vertical. ¡Increíble!
El día nos invitó a seguir recorriendo y maravillándonos. Si Adriano dijo de Amsterdam que era una foto en cada esquina, Venecia es una foto cada cinco metros. Tenemos más de 500 en este rato que estuvimos. Tal vez nos zarpamos un poco, pero es realmente hermosa por donde se la mire.
Al mediodía volvimos al hotel a por el equipaje. Fue algo dificultoso llegar a la estación de tren, distante apenas unos 300 m. Es que Venecia no es una ciudad pensada para trasladarse con equipajes por los puentes y escaleras. Claro que, por su belleza, uno le perdona hasta eso.
El problema es que hay “unpuente polémico en Venecia, y es el que se construyó hace poco, obra del celebérrimo arquitecto Calatrava (sí, el mismo del puente colgante de Puerto Madero). Desde luego, Calatrava, apañado por vaya a saber qué funcionario público, construyó un puente con su impronta, bastante diferente al estilo Veneciano. Eso no sería el problema, pero cuando uno llega se encuentra con un cartel que dice que “mientras no esté funcionando el elevador, las personas con movilidad reducida deberán cruzar a la estación por el trasnporte público gratuito”. Es decir: el puente, bien nuevo, no es apto para discapacitados. Y, por supuesto, tampoco lo es para sujetos como nosotros, que tuvimos que subir las cuatro maletas de 23 kg cada una a puuuuulso… ¡Calatrava, la c… de tu hermana!
Finalmente llegamos a la estación, a tomar el tren que nos llevará a Florencia, nuestra próxima escala. En el vagón 8, asiento 96, estuve escribiendo todo esto. Ahora, miraré un poco el paisaje o dormiré un rato. Próxima entrega: Florencia.

Cinco siglos en un día

Situación 1: check out en departamento. La encargada te despide con una sonrisa, todo ha terminado bien. De pronto, ante tu intento de saludo con un beso en cada mejilla, ella se sorprende bastante, se incomoda un poco -pero no mucho-, y poniéndose un poquitín colorada, acepta y responde al saludo, ya riendo aliviada.
Situación 2: un avión toca tierra y estallan aplausos y gritos y silbidos. Todo el mundo se pone de pie antes de que se apaguen las señales, y hace bromas y ríe a las carcajadas apenas se sube al micrito que lo llevará a la terminal del aeropuerto.
Test para lectores del blog: ¿Cuál de estas dos situaciones es en Alemania y cuál en italia?


Amigos: hoy le hemos dicho adiós a la cautivante, explosiva y, de alguna forma, joven Berlín, para pisar el suelo de esta bella señora que es Italia. En este momento, escribimos esto off-line, desde el Hotel Olimpia, Venecia, la noche del domingo 25.
Este día de fuertes contrastes lo comenzamos desayunando en el departamento, mientras esperábamos a Katja, la amable alemana que fue nuestro contacto en Berlin. Ella nos recibió y nos despidió y le debemos la “gentileza” de haber dejado que Adriano se mudara con nosotros extraoficialmente (recordaremos mucho tiempo su gesto de taparse los ojos). La risueña situación 1 relatada arriba sucedió cuando dejábamos el departamento. Tomamos el tren en Alexanderplatz, y 23 minutos después nos dejaba en el aeropuerto de Shoenefeld.
Luego de un exhaustivo control de seguridad llevado a cabo con rigidez germana (¿a qué no saben quién tuvo que desarmar tooooodo el bolsito rosa?), el vuelo de EasyJet salió esta vez sin demora. Y sin demora nos depositó en el Marco Polo de Venecia en lo que fue, para tres de nosotros, la primera vez en suelo italiano. Fue un emotivo momento. Eran aproximadamente las 15:40 hs.
Para comenzar a resumir Venecia tiro un dato: a las 22 hs, cuando terminé de bajar las fotos a la notebook antes de empezar a escribir esto, contabilizamos… 238 fotos. Se puede decir que Venecia nos impactó. Y hay algunas fotos que son realmente una postal. Así que recomiendo con entusiasmo que vean aquí todas las que puedan.
¿Qué hicimos? Llegamos, tiramos las valijas en la habitación, y nos fuimos corriendo a tomar el vaporetto hacia la Piazza de San Marcos. Disfrutamos mucho los paisajes, aunque para cuando llegamos ya era noche cerrada (calculo que si esto hubiera sido de día, llenábamos todas las memorias de fotos).





La Piazza es imponente, los turistas son muchos -a pesar de la hora y el frío-, y los locales de joyas y ropa son de lo más distinguido. Pero los canales, y los pequeños puentes y las calles estrechísimas son lo que más llama la atención y llena la vista. Como en el Barrio Gótico de Barcelona, como en el Barrio Latino de París, como en Toledo… bien antiguo, pero más extremo: acá está lleno de calles que uno abarca con abrir apenas los brazos, sin extenderlos. Se entiende: nunca necesitaron calles aptas para ningún vehículo, para eso están los canales.
El domingo a la noche parece que es una noche tranquila en Venecia. No tendremos oportunidad de comprobarlo, ya que es la única noche que pasaremos aquí. Pero la tranquilidad invita al paseo, así que desde la Piazza San Marco emprendimos el regreso al hotel caminando. Es bastante, ya que estamos en Piazzale Roma, en la otra punta de la ciudad. La distancia en sí es poca, pero las calles y campis (pequeñas plazas) son laberínticas e infinitas… No nos importa: desearíamos que no se acabaran nunca.
Párrafo aparte para un momento emotivo: Lola encontró casi por casualidad (¿o no tanto?) el Hotel Montecarlo. En él pasó su enésima luna de miel con el Negro cuando vino en el 91. Lagrimón, recuerdo y foto conmemorativa.
Un rato más tarde paramos a cenar a orillas del gran canal, prácticamente debajo del Rialto, el puente más importante de los más de 350 que tiene esta ciudad (ya que hablamos de números, puentes que unen las 118 islas e islotes). El Rialto no sólo es el más importante, centro de la gran actividad comercial que hizo brillar a Venecia hace un tiempito, sino también es el puente más viejo. Se construyó en madera en el siglo XII, y en el siglo XVI rehicieron el que subsiste hasta hoy. Se siente bruñida y fría la piedra, y se dispara la imaginación al pensar las generaciones enteras que pasaron por él.
La caminata entre canales, callejuelas, puentes nos llevó sin desvíos hasta el hotel... ¡gracias a las señales! Ahora, a descansar de tanta belleza y tanto viaje en el tiempo: del terrible siglo XX que nos mostró Berlín, a la Venecia esplendorosa del siglo XV…

sábado, 24 de enero de 2009

Callejeando

Último día en Berlín, y decidimos callejear por donde sea, sin rumbo fijo. En especial por el barrio de Mitte, en la zona de Sheunenviertel, que es la que comienza justo… ¡detrás de nuestro departamento!
Zona de lindos negocios, comenzamos a recorrerla temprano, bajo una llovizna molesta, pero que se agradecía cada vez que recordábamos el frío de ayer.
Esta zona de Mitte fue durante mucho tiempo el barrio judío de Berlín. Algo curioso que vimos en estas calles es esto:

Son pequeñas placas que están por todos lados. En ellas aparecen nombres, lugares y fechas de nacimiento y muerte, y se las ve instaladas en los frentes de las últimas casas que habitaron esas personas. Exacto, adivinaron: son todas víctimas del nazismo, que gracias a esta idea tienen una especie de minimonumento personal. Menudo consuelo.
Acá se encuentra también la Nueva Sinagoga, que el otro día vimos de noche, con su hermosa cúpula dorada, y hoy vimos nuevamente (va foto en primer plano, y otra en que se la ve al fondo de la calle).



A media mañana, luego de cafecito en bonito bar portugués, hubo una división en el EDNCT. Yo volví a pasar por Kreuzberg, donde pude ver de día el barrio nuevamente, y entrar en un par de librerías, disquerías y comiquerías muy estilo “barrio-europeo-bohemio”. Pude notar mejor que anoche en algunas cuadras de este barrio la construcción bien uniforme del viejo Berlín Oriental.

El resto del grupo se dedicó a visitar el Ramones Museum. Sé que la pasaron genial, y trajeron muchas fotos, pero desde luego, y aprovechando el embale escritor que traen algunos, voy a dejar que lo reseñen de primera fuente ellos mismos.

Almuerzo de hamburguesas (y cerveza, obvio) en boliche estilo americano de los años 50, y a seguir viaje. Más cosas que vimos por el barrio: el Hackerscher Markt, una placita en la que se había formado una pequeña feria artesanal, y de frutas, verduras y plantas. Suponemos que está los fines de semana, porque ya habíamos pasado por el lugar hace un par de días y no estaba.

Hacia el final de la tarde de este día muy tranquilo decidimos cruzar toda la ciudad para volver a la zona de Charlottenburg. ¿A qué? A ver la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, es decir, la Iglesia Conmemorativa del Emperador Guillermo. Esta iglesia tiene la particularidad de haberse mantenido en pie luego de haber recibido serios bombazos durante la guerra. Desde luego, las bombas dejaron marcas, ya que de la iglesia original quedan ruinas, pero que se pueden visitar y se conservan como monumento antibélico. Al lado construyeron un nuevo templo, de cristales azules y negros, y una imagen de Cristo Dorada.

Ambos edificios están en medio de una activísima zona comercial. Evidentemente, es por ser sábado, pero hoy fue la primera vez que vimos algo más de gente en la calle. Nada que ver con París, Barcelona o Madrid en época de rebajas… pero se vio bastante gente animando las calles.
Recorrimos un rato esa zona de la calle Kurfüstendamm, con negocios de nivel y otros más freakies, tipo “todo por dos pesos” o de “moda alternativa”, que fueron los que más se llevaron nuestra atención, desde luego.
Ahora ya estamos de vuelta en casa, armando valijas y ordenando todo, porque mañana a las 11 hs salimos para el aeropuerto. Se termina otra gran visita a una ciudad sorprendente. Intentaré resumir en una idea la sensación que me llevo de este Berlín de hoy. Si París o Londres fueran refinados y exquisitos platos sobre una mesa bien servida, Berlín es una olla hirviendo en la cocina, a la que todavía le están sumando ingredientes. Tal vez termine de definir su identidad en ¿20? ¿50? ¿100? Años, o tal vez nunca. Se me hace que fueron muchos golpes, y muy fuertes, a lo largo de su historia, y es como que siempre está empezando.
Pero claro, hablo de bocón nomás: luego de solamente cuatro días acá, ¿qué puedo saber? Poco. Pero igual me siento un privilegiado por haber levantado la tapa de la olla este ratiro, y disfrutado de un aroma que promete mucho…

viernes, 23 de enero de 2009

Berlín, el musical.

¿Qué tal todos coleguillas?
Bajo el expreso pedido del capo de blog me asomo a esta sección para contarles un poco de la perspectiva que estoy teniendo respecto a la música en esta ciudad cada vez más dinámica (si, siempre lo recalcaré, DI NA MI CA).
Desde que llegué, unos días antes que el grueso del EDNCT, estuve visitando varios venues y viendo algunos shows. Ya hable del increible Matthew Herbert y su big band y de el Supersonic Soundsystem. Ahora toca hablar de Animal Collective, cuyo directo me apasionó, desconcertó y aburrió al mismo tiempo. Raros "like ass with two lanes" pero siempre interesantes y con algún hit impresionante, realmente muy voladores.

Animal Collective

Ayer, como adelantó el capo, fuimos con Agos y él, a ver a Lonely Drifter Karen. Un personaje interesante la Karen: de origen austríaco pero con talento desarrollado en Gotemburgo (segunda ciudad sueca y dueña de una movida indie envidiable que tiene a José Gonzalez como referente number one, ¿lo escucharon? Mostro mal.) y residente en la inspiradora Barcelona. Total que el show no fue lo más, aunque se las arregló para mostrar algún aspecto destacable, sobre todo su sólida voz muy mal acompañada por una despliegue físico casi rídiculo y naif. Así y todo la Karen se hizo querer gracias a una voz que de momentos recordaba a aquellas cantantes de jazz del este europeo (¿alguien dijo Marlene Dietrich?) con sus constantes guiños tiroleses.

Lonely Drifter Karen

Hoy con el kbza de Juli fuimos, como prensa acreditada (somos una equipo ya, antes de ayer fuimos tambien a ver a unos tomuer llamados Dmonstrations (horrrrrriiiiibles) a un lugar mítico del punk berlinés, el SO36 del no menos mítico barrio de Kreuzberg) fuimos al Berlín music tours, donde un simpático y apasionado guía llamado Thilo, nos mosgtró mucho de lo que Berlín tiene para escuchar. El estudio donde grabaron Bowie, Depeche Mode, Iggy Pop y otros, que se encontraba en tierra de nadie en una Berlín dividida. La casa y el bar donde Nick Cave saciaba sus vicios, el hospital donde nació Nina Hagen (¿alguien se acuerda de cuando fue a Buenos Aires y todo fue un escándalo?), su barrio, el lugar donde los Rammstein surgieron, la casa que compartieron Iggy y David y el bar donde "la liaban", etc., etc. Más que interesante, al menos para mí.

La puerta del rancho de Iggy y David.

Interesante tambien es contar algo sobre la infinidad de record stores que visite estos dias. Hay para todos los gustos, desde el hard core extremo de Core Tex en Kreuzberg, al selectísimo techno de Wax trax pasando por las increible disquerías turcas y las de vinilos antiguos donde conviven con total armonía (cuak) Wagner, Mercedes Sosa y los Beach Boys ¡Y las de reggae! Un paraíso del melómano, podrán imaginarse que en esta ciudad estoy en el cielo.






¿Fríos los alemanes? jajaja!

Luego siguiendo en otra rama del arte los desafío a que adivinen el título de la peli que grafica esta foto. Piensen el el nombre de la gran señora de este tour y de lo que está haciendo en este momento, sumen el escenario urbano en el que se sacó la foto, y esto es más que pan comido (Amargo vos lo sacás en 1 segundo, Paco creo que vos tambien).



Ah! Y para terminar, es tan curioso lo que pasa en Berlín que hasta nos encontramos, caminando por ahi como si nada, con un local de comida 100% natural acusado de terrorista...


CUAK!

Abrazos!

Guten amend!

Adriano

Es sind 3 Grad uber Null...

… lo que, comparando con lo de hoy temprano, es como estar en el Caribe. Porque a las 2 PM, luego de una mañana con viento y temperaturas negativas, y una tarde que prometía más de lo mismo, estas eran las caras del EDNCT:

Durísimas condiciones las de hoy. Hay uno que dijo: “Es el día que más frío sentí en mi vida, sin joda”… ¿Qué otra cosa se podía hacer más que pasar todo el día mirando el jardín del fondo, congelado, y jugando a la escoba de 15?
¡Jamás! ¡Muchas cosas se pueden hacer! Entre ellas, las que hicimos:
Con Lola y Agos nos fuimos por la mañana a la pendiente visita al edificio del Reichstag que, dicho más correctamente, es en realidad del Bundestag. Muy bella cúpula vidriada, desde donde se obtienen una excelentes vistas de la ciudad. Hoy el cielo despejado colaboraba, pero el hielo en los vidrios no… Igual, tenemos unas fotos, y nos leímos la rica historia de este edificio bastante castigado (¡cuándo no en Berlín!). Hay una interesante muestra de fotos, resultando especialmente impactantes las de la época en que el Nacional Socialismo obtiene la mayoría en el Parlamento, cuando comienzan a ir los diputados a las sesiones con uniformes de milicianos nazis, cuando nombran a Hitler canciller, cuando se incendia el edificio y los nazis culpan a los comunistas, dando más impulso a las persecuciones y a la oscuridad que se estaba viniendo, el edificio casi destruido al final de la guerra… excelentes documentos.



Desde allí nos llegamos caminando (previa parada por café y chocolate caliente) hasta la muestra llamada “Topografía del Terror”. En un terreno en el que estuvieron los edificios de toda la inteligencia nazi y su terrible máquina represiva (SS, SD, Gestapo) se ha montado esta muestra que a través de fotos y textos narra la evolución de la locura y la aberración nazi desde comienzo de los años 30 hasta el final de la guerra. Huelga cualquier comentario sobre lo que se ve aquí. Justo en el día en el que tuvimos helados los huesos, quiso Dios que estemos ahí mirando, leyendo, pensando para helarnos también el alma, y aún así, seguir lejos de entender la dimensión de semejante horror. No hay palabras.

Al terminar de recorrer la muestra era tanto el frío que decidimos ir a la zona “céntrica” más cercana (ya lo puse ayer de otra forma, pero vuelvo a repetirlo: por momentos y en ciertas zonas, uno se siente en las afueras de la ciudad). Apuntamos a Checkpoit Charlie. En el trayecto de no más de 400 m, nos metimos en un local a mirar cualquier boludez como para entrar un poco en calor, porque estaba de verdad difícil. Luego, de vuelta café, y a caminar hasta encontrarnos, en pleno Unter den Linden con Adriano y Juli. ¿Que de dónde venían? Se pasaron la mañana haciendo un Music Tour de Berlín, pero que eso se lo cuenten ellos.
Urgente, a almorzar para reponer energías con que enfrentar el frío de la tarde, y una vez solucionado el trámite nos trasladamos al mismísimo Polo Norte… esteee, bueno, no, era nomás la zona de la llamada East Side Gallery, pero parecía bastante más al norte.

East Side Gallery es el fragmento más largo que queda en pie del Muro, a orillas del río Spree, y en el que varios artistas callejeros fijaron su arte. Lamentablemente, hoy está deteriorado por las leyendas de los visitantes. Igual, dicen que le queda poca vida, pues la zona será objeto de urbanizaciones en los próximos años… un monumento histórico que va a desaparecer.


Cruzamos con valentía el río, contra el “alto yotorni” reinante, para entrar en la cautivante zona de Kreuzberg oriental (el únco Kreuzberg según todo el mundo, menos la Lonely Planet).
Cuando Adriano decía que Berlín es rocker, estoy seguro de que pensaba en Kreuzberg. Zona oscura y algo desolada en ciertos tramos de la avenida que corre bajo las vías del U-Bahn, en sus calles más internas se percibe la animación propia de los barrios combativos y de inmigrantes. Dicen los que lo conocen desde otras épocas que el barrio se está modernizando de a poco , y debe ser cierto, a juzgar por los bares “cool” que se ven funcionando. Pero aún así, se respira y se ve en ciertos detalles (algunas disquerías, los grafftitis, alguno que otro bar o teatro de bandas) un aire bien bien punk.
Al final del día, pasamos a hacer unas compras por un super de alta calidad (que recién descubrimos hoy…) para la cena. De todo lo riquísimo que compramos, destaco que aún seguimos sin probar una cerveza fea. Ya estoy empezando a desconfiar de mi criterio, pues ¡me gustan todas! Eso sí, aún no me acostumbro a la temperatura más alta a la que las sirven acá… pero bueno, es un detalle menor, y sabemos que nos podemos adaptar a casi cualquier cosa (más aún en lo que respecta a chupi y morfi)
Besos y, ¡hasta mañana!