Situación 1: check out en departamento. La encargada te despide con una sonrisa, todo ha terminado bien. De pronto, ante tu intento de saludo con un beso en cada mejilla, ella se sorprende bastante, se incomoda un poco -pero no mucho-, y poniéndose un poquitín colorada, acepta y responde al saludo, ya riendo aliviada.
Situación 2: un avión toca tierra y estallan aplausos y gritos y silbidos. Todo el mundo se pone de pie antes de que se apaguen las señales, y hace bromas y ríe a las carcajadas apenas se sube al micrito que lo llevará a la terminal del aeropuerto.
Test para lectores del blog: ¿Cuál de estas dos situaciones es en Alemania y cuál en italia?
Amigos: hoy le hemos dicho adiós a la cautivante, explosiva y, de alguna forma, joven Berlín, para pisar el suelo de esta bella señora que es Italia. En este momento, escribimos esto off-line, desde el Hotel Olimpia, Venecia, la noche del domingo 25.
Este día de fuertes contrastes lo comenzamos desayunando en el departamento, mientras esperábamos a Katja, la amable alemana que fue nuestro contacto en Berlin. Ella nos recibió y nos despidió y le debemos la “gentileza” de haber dejado que Adriano se mudara con nosotros extraoficialmente (recordaremos mucho tiempo su gesto de taparse los ojos). La risueña situación 1 relatada arriba sucedió cuando dejábamos el departamento. Tomamos el tren en Alexanderplatz, y 23 minutos después nos dejaba en el aeropuerto de Shoenefeld.
Luego de un exhaustivo control de seguridad llevado a cabo con rigidez germana (¿a qué no saben quién tuvo que desarmar tooooodo el bolsito rosa?), el vuelo de EasyJet salió esta vez sin demora. Y sin demora nos depositó en el Marco Polo de Venecia en lo que fue, para tres de nosotros, la primera vez en suelo italiano. Fue un emotivo momento. Eran aproximadamente las 15:40 hs.
Para comenzar a resumir Venecia tiro un dato: a las 22 hs, cuando terminé de bajar las fotos a la notebook antes de empezar a escribir esto, contabilizamos… 238 fotos. Se puede decir que Venecia nos impactó. Y hay algunas fotos que son realmente una postal. Así que recomiendo con entusiasmo que vean aquí todas las que puedan.
¿Qué hicimos? Llegamos, tiramos las valijas en la habitación, y nos fuimos corriendo a tomar el vaporetto hacia la Piazza de San Marcos. Disfrutamos mucho los paisajes, aunque para cuando llegamos ya era noche cerrada (calculo que si esto hubiera sido de día, llenábamos todas las memorias de fotos).
La Piazza es imponente, los turistas son muchos -a pesar de la hora y el frío-, y los locales de joyas y ropa son de lo más distinguido. Pero los canales, y los pequeños puentes y las calles estrechísimas son lo que más llama la atención y llena la vista. Como en el Barrio Gótico de Barcelona, como en el Barrio Latino de París, como en Toledo… bien antiguo, pero más extremo: acá está lleno de calles que uno abarca con abrir apenas los brazos, sin extenderlos. Se entiende: nunca necesitaron calles aptas para ningún vehículo, para eso están los canales.
El domingo a la noche parece que es una noche tranquila en Venecia. No tendremos oportunidad de comprobarlo, ya que es la única noche que pasaremos aquí. Pero la tranquilidad invita al paseo, así que desde la Piazza San Marco emprendimos el regreso al hotel caminando. Es bastante, ya que estamos en Piazzale Roma, en la otra punta de la ciudad. La distancia en sí es poca, pero las calles y campis (pequeñas plazas) son laberínticas e infinitas… No nos importa: desearíamos que no se acabaran nunca.
Párrafo aparte para un momento emotivo: Lola encontró casi por casualidad (¿o no tanto?) el Hotel Montecarlo. En él pasó su enésima luna de miel con el Negro cuando vino en el 91. Lagrimón, recuerdo y foto conmemorativa.
Un rato más tarde paramos a cenar a orillas del gran canal, prácticamente debajo del Rialto, el puente más importante de los más de 350 que tiene esta ciudad (ya que hablamos de números, puentes que unen las 118 islas e islotes). El Rialto no sólo es el más importante, centro de la gran actividad comercial que hizo brillar a Venecia hace un tiempito, sino también es el puente más viejo. Se construyó en madera en el siglo XII, y en el siglo XVI rehicieron el que subsiste hasta hoy. Se siente bruñida y fría la piedra, y se dispara la imaginación al pensar las generaciones enteras que pasaron por él.
La caminata entre canales, callejuelas, puentes nos llevó sin desvíos hasta el hotel... ¡gracias a las señales! Ahora, a descansar de tanta belleza y tanto viaje en el tiempo: del terrible siglo XX que nos mostró Berlín, a la Venecia esplendorosa del siglo XV…
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3 comentarios:
Esperaba el capítulo "tano" (la sangre tira...) y sigo leyendo, fascinada. Es un viaje soñado, sigan disfrutándolo.
Andy
El pequeño acertijo del comienzo de este artículo es tan fácil de resolver que es casi una obviedad. Pero supongamos que hay algún lector que no logró descifrar la nacionalidad de cada una de las dos situaciones. Bien, acá va una ayuda (o más bien la respuesta completa ya que la situación del avión está específicamente graficada). Veanlo y traten de contabilizar cuantas de estas situaciones van a vivir en tierra "azzurra".
http://tcc.itc.it/people/rocchi/fun/europe.html
Voy a seguir leyendo, consumiendo fotos y escribiendo estos comentarios manteniendo en pie el difícil desafio de no demostrar envidia...
Mariano
PD: Mándenle saludos a mi amigo David, un pálido muchacho famoso de Firenze con el que nos hicimos amigos después de verme tan emocionado ante su impactante impronta.
El acertijo? mmm...no anduve por esos lares pero intuyo que la del avión es de Alemania y la otra de Italia.
Cualquiera?
Já!
Sigan disfrutando de la bella Venecia!
Gaby
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