lunes, 19 de enero de 2009

Bananas y fish&chips

Una vez más, amanecimos bajo una fuerte lluvia. Sin embargo, y aún cuando el pronóstico anunciaba que seguirían, con distinta intensidad, durante todo el día, el agua no nos impidió hacer nada de lo que teníamos previsto. Vean si no.
Salimos en cuanto amainó, y nos fuimos a Brixton. Este suburbio al sur de Londres es otro de los lugares de gran inmigración. Recorrimos el mercado, bastante tranquilo a esa hora d ela mañana, y pudimos apreciar carnicerías árabes, accesorios de peluquería afro, música del Caribe de habla inglesa (o sea, reggae!), supermercados latinoamericanos. De todo un poco.




Vaya uno a saber por qué, a cierto integrante “adolescente en desarrollo” de este equipo le agarra hambre permanentemente en cualquier lado. Esta vez lo acompañamos con unas bananas (mientras lo hacíamos sacar la foto)

De allí al principal recorrido del día: la zona de Southbank, en la orilla sur del Thames. Nos fuimos en metro hasta el London Bridge y caminando por la costa, el llamado Queen’s Walk, nos acercamos al Tower Bridge, para sacar ahora unas fotos a la luz del día. Descartamos la idea de cruzar el río e ir a las Torres de Londres, y comenzamos a desandar camino rumbo hacia la Tate Modern.

Pasamos por un lugar donde había una réplica del barco de Sir Drake, el pirata más famoso de la historia, y por el Shakespeare Globe, un museo que contiene una réplica de los teatros isabelinos en los que se presentaban las obras de Shakespeare. Por supuesto, actualmente se ponen obras allí, con lo que se supone que uno “vive” cómo era el teatro realmente en aquel tiempo. Lamentablemente, no hubo tiempo para entrar a una visita guiada, porque nos esperaba la Tate Modern… ¡mamita querida!


La Tate Modern es, según algunos, el museo de arte moderno más importante del mundo. Funciona en un edificio que antes albergaba una central eléctrica. Es imponente desde lo arquitectónico.
Ahora, desde lo artístico, directamente no puedo opinar. No entiendo nada de arte moderno (en su acepción más habitual, y sospecho no del todo correcta, que nombra como “arte” a lo que son ”artes plásticas”). Creo que soy conciente de mi ignorancia en todos los ámbitos, y Dios me libre de enorgullecerme de ella. Suelo acercarme desde el lugar del neófito a tratar de aprender y entender siempre. Pero esto, por el momento, me puede. No lo descalifico, pero me puede… O sea, más allá de exclamaciones del estilo "¡uy, mirá qué loco!" -que está lejos del efecto que debe perseguir una obra de arte, digo yo-, no entendí nada, no disfruté nada y me aburrí bastante. Con la excepción de una curiosa instalación de una tal Dominique Gonzalez Foerster, sobre una Londres futurista llena de refugiados que leen buenos libros y con esculturas gigantes y sonido y música… Eso sí estuvo bien para mí: me gustó.




Igual, excelentes las vistas desde el bar de la Tate. Por esto valió la pena la visita.





Almorzamos en un pub frente al río unos fish & chips con una ale tibia (cerveza británica, como bien saben los amantes de los crucigramas), comida londinense por excelencia. Estuvo muy bueno, sobre todo porque fue el momento en el que, exactamente como predijo el pronóstico, cayó la lluvia fuerte de la tarde. La vimos por la ventana mientras comíamos, y cuando terminamos, había parado. ¡Zafaroni!


De ahí a Waterloo Bridge a por unos libros. Y de ahí a nuestra última escala, de vuelta por la zona del Soho, para hacer algunas compras que se venían planeando desde los últimos días (me refiero a Agos y Juli, que se “reventaron” unas pounds en discos, comics y libros).



Luego, vuelta a casa en la hora pico del tube. Muuuuucha pero muuuucha gente, pero que no llega ni por asomo, ¡ni por lejos! a comprometer la calidad del servicio de transporte como sí sucede en nuestra ciudad de BA. ¿Por qué? Pienso que porque acá hay muchas líneas, con muchos trenes, con muchos vagones, que van muy rápido y con gran frecuencia. Nada más y nada menos que eso. Bueno, ok, ayuda la señalización perfecta, la educación y ¿capacitación?/¿adoctrinamiento? de los pasajeros. Por ejemplo, las escaleras, mecánicas o no, indican lo que en muchos lados se asume que va a surgir espontáneamente (léase: a veces surgirá y a veces no) : “Stand on the right” en las escaleras mecánicas. O “Keep left” en pasillos y escaleras “doble mano”. O lo que vimos de los posters de “Together for London”, o los mensajes que indican próxima estación, las combinaciones, el sentido del tren, la genial Oyster card, que es rapidísima, … en fin, todo tiende a agilizar el trámite, resultando que da gusto viajar en el tube, de verdad. Pobre, Lola siempre quiso viajar en bus, y casi no le dimos el gusto… es que con semejante subte, uno no tiene ni ganas de ponerse a aprender las líneas de buses…
Ahora, a preparar las valijas y a descansar. Mañana por la mañana estaremos dejando esta maravillosa, bulliciosa, agitada, querible, enorme, amable, moderna y clásica ciudad de Londres. Esto tendré que evaluarlo al final del viaje, con algo más de distancia, pero en este silenciosa noche de Chelsea tengo la sensación de que, entre la que visitamos hasta ahora (exceptuando Madrid por obvias razones), Londres es la ciudad en la que más cómodo me he sentido.
Ya nos quedamos sin París, ahora ¡veremos cómo nos las arreglamos sin Londres!

1 comentario:

Mariano dijo...

Good Bye London... I miss you! Hallo Berlin, Deutschland... Ich genieße Ihre Schönheit! (cómo estoy !)

Seguimos viajando sin importarnos las inclemencias climáticas... Igual aflojen un poco que estoy un toque agotado...ja!

Me voy a la playa y después seguimos leyendo.

Mariano