Nuevo día en Roma, nuevo día de sol, nueva salida del EDNCT.
Salimos, no muy tempranito, caminando para la Ciudad del Vaticano. Al llegar a la Vía della Conciliazione y mirar hacia la izquierda, se ve de frente, con toda su presencia, con todo su poderío, la gran Basílica de San Pedro. Aunque impone su respeto, desde ese punto de vista, como continuando la avenida, parece… chica. O no tan grande como uno la tenía vista… Uno no sabe muy bien qué pasa, pero algo falla. No obstante, cuando uno se va a cercando, llega un punto en que ¡uops! se “abre” la enorme y, ahora sí, de avasallante imponencia Piazza San Pietro. Leímos por ahí que se la considera “uno de los espacios públicos más importantes del mundo entero”. Yo me pregunto: ¿cuáles son los otros?
Hicimos la cola y entramos a la Basílica. Es muy difícil decir algo, porque este templo sobrepasa cualquier explicación. Apenas me da para enumerar…
Nos maravillamos con La Piettá (es difícil creer que el Genio hizo esto con sólo 24 años…).
Vimos los restos del Papa Bueno, Juan XXIII, muy importante por haber impulsado el Concilio Vaticano II.
El baldaquín, o baldaccino, de Bernini, esa estructura que está sobre el altar y se ve en las celebraciones del Papa, es impactante. Tiene casi 30 metros de altura, y sus cuatro columnas son de bronce.
Enormes cuatro estatuas, alguna de ellas de Bernini, sostienen las cuatro “columnas” mayores sobre las que se apoya la cúpula, diseñada por… Miguel Ángel. Casi 120 metros de altura, nomás. La estatua más antigua es una de San Pedro, de bronce. Todo el mundo pasa y la venera tocando el pie derecho, que ya está desgastado luego de siglos de peregrinos pasando.
En fin, uno siente que es demasiado, que no se puede absorber tanta majestuosidad y tanta belleza. Salimos tan extasiados que no nos dimos cuenta de subir a la cúpula de la Basílica, a por unas vistas que deben ser increíbles. Pasará a engrosar la lista de “para la próxima”, junto con la Gruta de la Basílica, en la que descansan los restos del gran Juan Pablo II, entre otros Papas.
Como si esto fuera poco, nos metimos en los Museos Vaticanos. Estos Museos son muchos, y si bien se centran en arte religioso, tienen también obras etruscas y romanas y tapices y mapas. A propósito, en uno de estos últimos, uno de “Calabria Ulterior”, que sería como del ¿1200? ¿1400? ya figuraban Tropea y Nicotera, dos lugares que reconocimos de nuestro viajecito por el sur.
Se camina laaaargo por los Museos, siempre siguiendo la flecha que guía hacia lo que uno realmente vino a ver: “Capilla Sixtina”. Esto no deja de ser un poco injusto, porque en el camino nadie se detiene a ver casi nada, y uno sospecha que está pasando por alto obras valiosas… pero bueno, habíamos dejado a Adriano afuera, al sol de una plaza, solo… en fin, cada minuto que tardáramos en salir era un puestito de comidas que corría peligro… había que apurarse.
Más allá de bromas, un poco antes de llegar a la célebre Capilla hay unas salas (estancias) con imperdibles frescos de Rafael. En una de ellas está un grupo que recuerdaba vaya a saber de dónde, en el que se representan la Filosofía, la Justicia, la Poesía y la Teología. En otra, pinturas sobre Constatino y el triunfo del Cristianismo. Les debo una mirada con más detenimiento.
Al llegar a la Capilla Sixtina, uno encuentra que todo el mundo se detiene ahí. Y con razón. Es de lo más impactante que he visto. Despierta admiración por todos lados por los que se la mire. Desde las ideas, las composiciones, las alegorías, hasta la perfección técnica. Insisto en que soy un completo ignorante en este campo, pero, ingeniero al fin, de sólo tratar de imaginar cómo resolvió Miguel Ángel las perspectivas pintadas sobre una superficie abovedada ya me pone la piel de gallina. Impresiona. Otra vez el Gran Genio de Michelángelo.
Total y gozosamentemente golpeados por este monstruo salimos a la búsqueda de Adriano, al que encontramos apacible, tomando el sol entre las oleadas de turistas, y decidimos ir a almorzar unas pizzas, perfecto plato romano. A propósito, tal como dice una de las guías que tenemos, pudimos confirmar que Roma, a diferencia de otras ciudades que visitamos, mantiene sin ningún conflicto con la idea de modernidad, un montón de tradiciones y un espíritu pueblerino que me resulta cálido y acogedor. A ver si me explico bien: uno en Barcelona o en Madrid, va por ahí y se encuentra, según el barrio, con pocos o muchos restaurantes “de autor”, “cocina thai”, bares que por sus decoraciones parecen discotecas, etc. En Roma no es así. Las trattorias y las pizzerías de barrio se mantienen con orgullo y la tranquilidad propias del que sabe que no tiene que demostrar nada, del que tiene suficiente historia y personalidad como para ser el imitado y no el imitador. Así que, elegimos una de ellas y nos fuimos a “probar la tradición”.
Desde ahí, caminamos hacia el norte para llegar a la Piazza del Popolo, antigua entrada norte de la ciudad. Subiendo unas escaleras a través de un parque (justo donde comienza Villa Borghese) llegamos al Jardín del Pincio, desde donde se obtienen buenísimas vistas de Roma.
Más adelante, bajando por la Vía del Babuino nos fuimos hasta Piazza Spagna. No estaba ninguna modelo bajando la escaleras, ni ningún modisto presentando una colección, no… lo que había era un millón de turistas aprovechando el sol que ya estaba a punto de despedirse hasta mañana. Hermoso lugar.
Seguimos por la Vía dei Condotti, exclusivísimo lugar en el que se ven Maserattis estacionadas, y en las vidrieras se ve por ejemplo una estola de visón de € 3000… en fin, menos mal que no teníamos las tarjetas, a ver si nos tentamos con algo.
Esta calle nos dejó cerca de nuestro siguiente punto: la Piazza Navona. Con sus restaurantes, sus puestos de souvenires y sus tres fuentes, en las que intervino el interminable Bernini, gran artífice de la Roma que podemos ver hoy, la Piazza resulta animada y bellísima a la vez, incluso de noche. Sobre una de sus calles está la Iglesia de Santa Inés, y un hermoso Palazzo, hoy sede de la Embajada de Brasil.
Ya para cerrar el día (o la nochecita) fuimos a conocer la tradicional plaza llamada Campo de Fiori, muy concurrida y curiosa por los contrastes arquitectónicos en los edificios que la limitan. Muy lindo lugar, en el que Julián paró a tomar un poco de agua de una de las fuentes públicas que abundan por la ciudad.
Y con esto cerramos este impactante y lleno de arte segundo día en Roma.
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1 comentario:
Hola Ariel!
Que trabajito el tuyo de "reportear" sobre cada uno de los destinos y a diario! Me encanto la historia de tu abuela, las vivencias de Catania y Roma. (Que alli vivi un tiempito).
Queria decirte que fue un gusto tenerlos en casa; por lo visto el confit de canard y Beckham fueron los destacados de la noche. Lola es un encanto. Dale mil saludos de nuestra parte! Y tambien a Adrian y a los chicos, que espero que encuentren una figura de cera de Totti en Roma!
Avanti con il viaggio!
Susana
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