lunes, 2 de febrero de 2009

Domingo en Roma

(por razones técnicas, sin fotos por el momento...)
Iniciamos nuestro último día completo en Roma visitando el mercado de Porta Portese. En el sur del Trastevere, en un terreno junto al río, se arma todos los domingos este bullicioso mercado al aire libre, del estilo de El Rastro, en Madrid.
Muy extenso, con una oferta bastante trucha (ropas de marca falsificadas, contrabandos, etc.), sólo nos llamaron la atención y nos divirtieron mucho unos calabreses que vendían comestibles típicos del sur. Sus sofisticadas herramientas de promoción eran los gritos pelados y convidar a la gente que pasaba con unas galletitas saladas y una salsa de un color, aroma y textura que yo no em animaría a probar por lo menos hasta las tres de la tarde…
Compramos unos DVDs vírgenes para backupear la “documentación” del EDNCT, y el regateo con estos tanos también fue muy entretenido. Pero más allá de eso, no encontramos discos usados, así que seguimos viaje.
Tuvimos oportunidad de ver la Piazza di Santa María in Trastevere un domingo a la mañana. La iglesia llena, los tanos yendo a Misa, un ambiente que lamentablemente uno ya no asocia con las grandes urbes en el siglo XXI. Pero otra vez Roma nos sorprende gratamente: por momentos, y en ciertas zonas, se respira un aire barrial auténtico que no se encuentra en otras ciudades. Por ejemplo, en el Trastevere hemos visto, sobre las calles atestadas de bares llenos de extranjeros de joda y tomando cerveza, una soga cruzando de lado a lado de la calle con la ropa tendida. Igual que en Puerto Madero…
Otra idea para este domingo a la mañana era recorrer Testaccio, el barrio que está al sur, y del otro lado del Tiber. Se lo menciona como el más romano de los barrios de Roma. De clase trabajadora, se supone que conserva todas las tradiciones… entre ellas la del ¡descanso dominical! Sí, porque, lamentablemente, encontramos todo cerrado y con muy poca vida.
Seguimos hacia nuestro destino pendiente en los Foros Romanos, pero antes encontramos en un barrio vecino (¿Aventino?) un parque elevado, cerca de una abadía o algo así de los Caballeros de la Orden de Malta, desde el que tuvimos unas hermosas vistas de la ciudad, entre unos naranjos bien perfumados…
Bajamos y bordeamos el Circo Massimo, para llegar al Palatino y a los Foros Romanos. Esta es una gran área arquelógica que ya apabulla por su magnitud. Son tantas las ruinas, y de tantos períodos distintos que uno, con su ignorancia a cuestas, apenas puede maravillarse con las construcciones, sospecho que sin llegar a apreciar la verdadera importancia de todo esto.
Luego de unas reparadoras pizzas nos mandamos los 120 escalones hasta la iglesia de Santa María in Anacoeli, ahí en el Campidoglio. Y de ahí, en ascensor hasta la Terraza de las Cuádrigas, que es la parte de arriba del monumento Il Vtttoriano. Excelentes vistas de Roma desde ahí arriba, mejoradas por un par de telescopios (¿se les dice así, aunque no se observen las estrellas?) de brutísimo zoom. Gracias a ellos veíamos la Piazza del Popolo como si estuviera al lado, y los flashes de las cámaras de los visitantes de la cúpula de San Pedro. Por supuesto, visita no apta para integrantes con vértigo…
Decidimos salir a cenar comida romana en nuestra última noche aquí. Caminamos nuestro pintoresco barrio y fuimos a parar a la Trattoria del Moro, con la idea de comer algo diferente de pizza. Nos atendió un tano ladri que nos quería vender lo que quería él en vez de lo que queríamos nosotros. Por ejemplo, le pedimos unas pastas, todas distintas como para poder probar, y nos decía “te traigo mejor dos lasagnas y dos spaghetti a la matriciana”… Decía que le faltaba gente, y se le complicaba con las pastas… “Con el segundo piatto no hay problema, ¿eh?”.. hasta que le pedimos y empezó “no hay, no hay”… Adriano se calentó, así que le garpamos las cervezas y las cocas y nos piramos a otro lado.
Menos más, porque fuimos a la cantinca de Cacio & Pepe, donde ajusticiamos unas excelentes bruschettas, un pecorino arrosto (queso romano asado), unos gnocchi al pomodoro, unos tagliatelle a la Isabela (champignones, tomate y ¡ricota!), unos bucatini a la matricciana y una saltimboca romana increíble. Chupitos de grappa, amaro y lemoncello, y a casa a descansar.

2 comentarios:

Adriano dijo...

Uhhh, me picó el bagre mal de recordar esa cena! Brillante la gastronomía romana! Nostalgia gustativa mal!!!

Dante Quentino Mazzeo Gonzalez. dijo...

Colgá las tofos Goldo botonazo!