Antes de empezar, aclaro a los amables lectores: esto tiene poco que ver con turismo, y es más un mensaje personal para la familia y los amigos. Como dijo Adriano, tiene que ver con la “búsqueda de las raíces”.
En varios momentos del viaje hacia Zaccanopoli pensé en pegar la vuelta e irnos a dormir a Reggio di Calabria. Nada estaba saliendo según lo previsto, la ruta estaba difícil, la lluvia no aflojaba, y las caras de sufrimiento de Lola, Agostina y Julián sumaban, haciéndome sentir responsable del mal momento.
Sin embargo, seguí. ¿Por qué? Uf… qué difícil intentar una respuesta.
Nosotros tuvimos una abuela, María Mazzitelli, que, como toda abuela que se precie, nos contó miles de historias. O en realidad, sólo una: “su” historia. Que era una historia de una infancia bastante triste. Ahora que lo pienso, tal vez para ella no era exactamente “triste”. Tal vez era como algo natural, un destino preasignado que se debía aceptar con serenidad. De todas maneras, estoy seguro de que, si no con palabras, esa tristeza nos la transmitía con la mirada dulce y cansada.
Según esta historia contada, y filtrada por mis propios recuerdos, y al revés de lo que solía ocurrir por aquellos años, María nació en Buenos Aires, en Almagro, en 1913, y viajó para Italia a los tres años. Parece que su mamá se murió en el parto, y su papá viajó a Italia de vuelta solo (según ella, para pelear en la Primera Guerra; según supe alguna vez, para escapar de un ajuste por un asunto turbio). La cuestión es que su propia abuela (me viene a la memoria el nombre Margarita, pero…), decidió llevársela de vuelta a su Calabria natal.
Este “viaje al revés” siempre me llamó la atención. Ahora de grande, habiendo visto algo del mundo, y con un hermano emigrado (ojo, según los cánones de la emigración siglo XXI, no XIX), creo que este viaje de María y su abuela dice muchísimo acerca del desarraigo, la miseria, la soledad y el miedo. Y del coraje, claro. No estoy seguro de que lo supieran, pero pensemos que se volvían a un país y a un continente en plena guerra…
Después vinieron unos años de crianza en Zaccanopoli, hasta que María se vuelve a Buenos Aires, creo que sola, a los 17 años, en 1930. ¿Había muerto su abuela? No me acuerdo. Pero la etapa Buenos Aires es otra historia.
Lo que me movía a seguir arrastrando aquella noche a mis compañeros de ruta, sangre Mazzeo al fin y al cabo, eran todas las historias que me había contado María de esos años que, imagino, eran como un sueño en su vida, como son siempre los recuerdos de la infancia.
Esas historias, de las que no recuerdo ni una entera, me dejaron imágenes. De campo, de montañas, de huertos, de sol, de fuegos, de pan.
Yo iba manejando en medio de la tormenta y no podía ver nada de esos paisajes. Me sentía un poco frustrado por esto, porque la forma del camino, las luces lejanas allá abajo, de alguna casita perdida en la montaña, los bosques que alcanzaban a alumbrar las luces del auto, me hacían adivinar un paisaje maravilloso. Y nos lo estábamos perdiendo… Íbamos detrás de una foto oscura en un cartel rutero y, con suerte, detrás de una recorrida mínima por un pueblo desierto en semejante noche, con nada de tiempo para recorrer… Pero seguimos igual.
¿Por qué? Mi viejo también habia venido y, de alguna forma, se las había arreglado para transmitirnos la emoción que para él había sido encontrarse con viejos compañeros de escuela de su madre… ¿Cómo podía yo arrugar y volverme?
Muchas veces pensé que los porteños que estamos entre la generación de mi viejo y la mía somos gente que, en su mayoría, no ha conocido el lugar donde nacieron sus abuelos. Muchos ni siquiera saben dónde es. A lo mejor los sociólogos pueden con este único dato entender y explicar pilas de comportamientos y costumbres, vaya uno a saber. Lo que yo sí sé es que conocer el lugar de tus raíces, lo más lejos que se pueda en el tiempo, debería ser una especie de “derecho humano”, algo que todo el mundo debería tener.
A lo mejor ahí, y en mi testarudez gallega, y en que me acompañaban hermano e hijos, hay algo de la explicación de por qué llegué a Zaccanopoli la inclemente y hostil noche del 28 de enero de 2009, a honrar la memoria de María Rosa Mazzitelli (2/6/1913 – 8/5/1986).
Ariel Mazzeo, enero 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
8 comentarios:
Sigamos entonces anotando para la próxima... RECORRER Y CONOCER ZACCANOPOLI.
Yo tampoco recuerdo historias enteras, pero sí me acuerdo, por ejemplo, cuando la abuela nos contaba de sus peregrinaciones a la Virgen de las Nieves, en plena montaña. Habrá que averiguar si esta gruta aún existe y si es accesible.
Hace unos meses estuvo por ahí nuestro tío Mario Mazzeo (que se encontró con un homónimo en el pueblo). Cuando llegó tuvo oportunidad de asistir a una ceremonia religiosa en homenaje a los paisanos caídos en las guerras y el segundo nombrado era nuestro bisabuelo. Ese que nos pintaron como un "loco de la guerra" que se fue de voluntario a pelear dejando a una hija de 1 año huérfana. Esto refuerza más la teoría que más que un arranque patriótico fue una huída elegante ante el inminente problemón que se le podía venir por el supuesto ajuste entre colifas anarquistas.
Más allá de las inclemencias y la poca posibilidad de ver, es un paso gigante haber estado ahí!
Mariano
Pero cuánta cosa! Claro que yo también recuerdo la mirada dulce y cansada de la abuela, la historia de su "viaje al revés" (agrego dos datos: la expresión "sola en el Mundo", con la que adornaba el relato de su regreso a Bs As; y que su abuela estaba...simplemente loca, según Maria (que grosa esa vieja, diria Adri).
Claro que es un "derecho humano" conocer los lugares del propio origen. Tambien ser{ia tan hermoso que cualquier ñato (como dice agos) pudiera disfrutar de este cuento maravilloso y de este escritor de la hostia.
abrazos!
gaby
Lo que decís, lo que sentís y lo que fueron a buscar, es el mejor homanaje que pueden hacerle a aquella abuela tan recordada.
Andy
Ariel , el relato de vida de la abuela Mazziteli me emociono!!!
Que viaje , bolu!!....me pone muy contento que puedan disfrutar esto juntos...VAMOS ESNCT!!!
Un beso
Yiro
Vamo Goldo! Nunca nos olvidaremos de esa noche.Gracias por haber hecho todo lo que hubo que hacer para llegar hasta ahi. Gracias a Agos y a Giuliano por haber aguantado, entendiendo nuestra insistencia sin que medien palabras. Yo tambien creo que nos perdimos grandes paisajes, que la vista se quedó con ganas, pero así y todo, y quizá sea por que yo a la abuela la disfruté más desde el lugar del nieto menor (me divertí mucho con esa vieja!!!) y no recuerdo que me haya contado historias del pueblo, aún con la vista deseosa de más, mi corazón quedó 100% lleno, sintiendo como encajaban esas piezas que quedaron descolocadas cuando decidí que algún día debía hacer uso de ese "derecho humano" que tan bien mencionás, el de estar en el lugar donde comienza la propia historia.
Tuve la suerte de que Baio me llene el corazón varias veces, ahora tambien lo hizo Zaccanopoli. Sin exagerar, en este sentido, me muero más que tranquilo.
Gracias Goldo, gran relato e inolvidable experiencia increiblemente compartida (¿Sabés cuantas veces te mentí cuando me preguntabas cuanto decía el GPS que faltaba para llegar? Muchas! Jajajaja!)
Abrazos grandes.
Adriano
Ari: felicitaciones por esta enorme experiencia!! me alegro mucho y nos vemos a la vuelta! Abrazo!!
Juan Veza
Muy emocionante todo el relato, con la euforia de Adriàn y ese italiano cocoliche que me hizo reir mucho. Yo que descubrì hace muy poco el pueblo de mis bisabuelos, Pra, en Gènova, al ver todo esto me siento deseoso de conocerlo, un poco, quizà, porque si sabemos de donde venimos tal vez es màs claro el a dònde vamos.
chichirinella teneva teneva lalalala ya no recuerdo la letra pero eso cantaba la abuela cuando peregrinaba por la montaña yyyy eso recorde cuando descendiendo de ZACCANOPOLI a TROPEA , LLEGANDO AL CEMENTERIOESTA A CONTINUACION LA VIRGEN DE LAS NIEVES, HAY QUE RETROSEDER UN POCO Y ESTA LA VIRGEN EN LA GRUTA A NOSOTROS NOS EMOCIONO MUCHO!!!!!NO ABLAMOS POR UN RATO TAL VES MARIO Y YO PENSAMOS ...QUIEN SAVE ¿¿CUANTAS COSAS ,,,CUANTOS RECUERDOS ,,,,LO MISMO QUE NOS PASO EN LA IGLESIA DE NUESTRA QUERIDA ABUELA MARIA
Publicar un comentario